Grondona, un modelo que no se debe imitar

Grondona y Blatter II

Por Dr. Daniel Cassola

Ayer a mediodía falleció Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA, en una clínica porteña. Su muerte abre muchos interrogantes sobre la futura conducción de la Asociación del Fútbol Argentino, donde Grondona ejerció el poder de manera ininterrumpida durante 35 años.

La carrera del máximo dirigente del fútbol argentino comenzó en 1956 cuando fundó el Arsenal Fútbol Club, en Sarandí. Fue presidente del mismo durante 20 años, hasta que saltó a conducir a un grande, el Club Atlético Independiente de Avellaneda.

Solo estuvo tres años porque en 1979 el almirante Carlos Lacoste lo designó como presidente de la AFA. Desde entonces fue siempre reelecto en su cargo. Sus detractores cuentan que su poder se manejó en un hábil manejo de los recursos.

Cuentan que Grondona centralizó los recursos en la AFA y luego los distribuía a placer, generando una suerte de clientela entre los presidentes de los demás clubes. Además, hay que tener en cuenta que durante su gestión el fútbol vivió la explosión comercial que significó tanto el avance de las comunicaciones como de la televisión. En estas décadas el fútbol se convirtió en un negocio inmenso.

Aunque en la década del 60 Grondona se había afiliado al radicalismo trabó cordiales relaciones con todos los presidentes. Tiene fotos y mantuvo contactos con los militares, los radicales como Alfonsín y De la Rúa, y todos los peronistas, ya sea Menem, Duhalde o los Kirchner.

Uno de los legados más difíciles de la gestión Grondona es el de la violencia. El fútbol era un espectáculo familiar, sin violencia y hoy no siquiera se pueden organizar partidos con hinchadas de dos clubes diferentes.

El avance de los violentos y los denominados barrabravas ha sido notable. Entre 1979 y 2014 murieron 171 personas en incidentes vinculados con violencia en los estadios. Los grupos de criminales organizados han avanzado en los clubes. Controlan la reventa de entradas, los estacionamientos, la venta de alimentos y merchandising, además de recibir dádivas como pasajes de avión para cuando un club o la selección nacional juegan fuera del país. Estos grupos no podrían existir sin dirigencias políticas que los avalen.

Dicen que una de las frases que más se le escuchó decir a Grondona fue: “A mi de la AFA me sacan con los pies para adelante”. Ya está, ya pasó.

Es hora de que el fútbol, el deporte que más apasiona a los argentinos, tenga una dirigencia democrática y transparente.

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