Jubilación no debe ser sinónimo de pobreza

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El sistema jubilatorio tardó décadas en conformarse. Tuvo su auge en los 70 y luego entró en una crisis que dura hasta hoy.

Por Dr. Daniel Cassola

Hoy alrededor de las 15 horas comenzará la movilización número 1224 de los jubilados al Congreso Nacional. Como todos los miércoles se marchará para exigir mejores jubilaciones y la recuperación tanto del PAMI como de la ANSES. Esta semana la movilización cobra más relevancia, y se prevé una mayor concurrencia, porque el sábado pasado fue el día del jubilado. La de hoy, entonces, es la marcha del día del jubilado.

Justamente lo que queremos comentar brevemente es la historia de las jubilaciones en Argentina. El sistema tardó casi cincuenta años en conformarse como tal, fue un proceso lento.

Todo comenzó en 1901, cuando el presupuesto nacional comenzó a incluir una deducción del 5 por ciento del sueldo de los trabajadores públicos para comenzar a generar un fondo de jubilaciones.

Comienza entonces un periodo de expansión. A partir de 1912, con la inclusión de los trabajadores ferroviarios, empiezan a aportar los trabajadores del sector privado. Quienes se desempeñan en comercios e industrias lo hacen en 1923.

Nosotros, los periodistas, comenzamos a aportar a la Caja Nacional en 1939. Para 1944 prácticamente todos los trabajadores tienen algún tipo de aporte, aunque hay una variedad de sistemas previsionales.

Recién en la década del sesenta se sancionan las leyes para constituir un sistema de jubilaciones unificado. Hacia 1968 queda conformado el Sistema Nacional de Previsión Social.

Los trabajadores jubilados perciben entre el 70 y el 82 por ciento de sus salarios en sus tres mejores años de los últimos diez trabajados. Además esos ingresos se pasan a actualizar por un índice que confecciona por entonces la Secretaría de Seguridad Social.

Pero en los setenta llega la crisis. Aumenta el trabajo en negro y la desocupación, los aportes disminuyen. La degradación del sistema continúa en los 80. El Estado se achica. A finales de los 80 los jubilados están cobrando el 40 por ciento de lo que percibe un trabajador activo.

En los 90 llegan las reformas que impulsa el ministro de Economía Domingo Cavallo. Se reducen los aportes patronales, se crea la ANSES y se implementa el sistema de AFJP. Todo estalla en el 2001.

Recién en 2007 se habilita la posibilidad de quienes aportan en el sistema privado vuelvan al Estado. En 2008 directamente el sistema privado queda abolido y se vuelve al sistema integrado y estatal.

Tras todos estos vaivenes hoy nos encontramos con una gran masa de jubilados que perciben una remuneración insuficiente. Alrededor de 7 millones de jubilados perciben la mínima, de 4171 pesos. La Defensoría del Pueblo estima que la canasta mínima para un jubilado es de 8200 pesos, el doble.

Por eso hoy uno de los reclamos centrales, aunque no el único, es un aumento de emergencia de 4000 pesos. Para que jubilación no sea sinónimo de pobreza.

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