El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) publicó ayer un informe en el que detalla la magnitud del impacto de la crisis económica que afecta a la población del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Por Dr. Daniel Cassola
Desde hace años que la UCA brinda información de primera calidad sobre la pobreza, la marginalidad, el hambre, todo lo que se considera como la “deuda social” que existe en Argentina. A los informes del observatorio los “sufrieron” tanto el gobierno kirchnerista como el macrista. Son objetivos, buscan dar una fotografía de la situación real lo más nítida posible.
Dentro de una serie de informes publicados ayer se destaca el apartado titulado “Empobrecimiento y desigualdades sociales en tiempos de pandemia”. El dato más dramático está dado por la medición de la inseguridad alimentaria. Entre 2019 y el mes actual de mayo 2020 la cantidad de hogares en el AMBA que sufren una privación extrema de alimentos pasó del 5,8 al 8,6 por ciento. Es sobre todo delicada la situación de los hogares que no reciben la tarjeta alimentaria del Ministerio de Desarrollo Social.
La caída en la cara más terrible de la pobreza, que es el hambre, se da en un contexto general de derrumbe económico. En líneas generales la UCA relevó que el 39 por ciento de los hogares, siempre del AMBA, declaró haber visto sus ingresos reducidos hasta en la mitad. Para el 19 por ciento la situación es aún peor ya que dicen haber perdido más de la mitad de sus ingresos. Luego el 37 por ciento dice haber mantenido lo que percibía hasta el comienzo de la cuarentena, mientras que solo el 5 por ciento sostiene haber tenido un incremento. Pasando en limpio, el 58 por ciento de los hogares perdió bastante o mucho mientras solo el 5 por ciento gana más que antes.
“La insuficiencia objetiva de ingresos corrientes de los hogares durante la cuarentena (…) se hizo más pronunciada entre los hogares del Conurbano Bonaerense, los hogares con niños/as y aquellos pertenecientes a la clase trabajadora marginal y al estrato muy bajo, entre otras variables de desigualdad social”, señala el informe.
El dato se replica en las percepciones que también midió la UCA. El 38 por ciento de los hogares declararon que los recursos monetarios corrientes recibidos por el hogar durante la cuarentena no les alcanzaron para cubrir sus gastos básicos, porcentaje que asciende a 45 por ciento en las unidades domésticas del Conurbano Bonaerense.
Es sabido que el gobierno nacional impulsó una batería de medidas extraordinarias para paliar la crisis económica, preexistente pero acentuada por la pandemia. En ese sentido se otorgaron distintos beneficios: Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), bonos extraordinarios a AUH, jubilados y Tarjeta Alimentar, y se entregaron viandas y bolsones de alimentos o se dispuso el retiro de los mismos de comedores escolares o comunitarios. El 51 por ciento de hogares del AMBA recibió alguna de estas asistencias sociales en mayo de 2020.
Al respecto el informe de la UCA dice: “La mayor presencia de las ayudas sociales en la clase trabajadora marginal, el nivel socioeconómico muy bajo y los hogares con niños/as señala la correcta focalización de estas medidas. Sin embargo, los elevados niveles de déficit y vulnerabilidades persistentes evaluadas a través de los indicadores seleccionados reflejan la insuficiencia de estas medidas para lograr un nivel satisfactorio de bienestar, condiciones fuertemente agravadas en el actual contexto de aislamiento preventivo social y obligatorio”.
La conclusiones que se pueden sacar a partir de los valiosos datos que informa la UCA son varias. El deterioro de la vida material de los hogares del AMBA se hizo más pronunciado durante la pandemia. Las ayudas que dispuso el estado surtieron un efecto limitado, no por estar mal direccionadas sino por ser insuficientes en su magnitud. Hay más gente pobre, hay pobres que son más pobres que antes y, peor aún, hay más gente con hambre. La crisis económica y social parece no haber alcanzado aún su piso.









