La del sobrepeso y la obesidad “es una pandemia más silenciosa y mucho más mortal”

Lo sostuvo el ministro de Salud Ginés González García que además consideró que afecta a “dos tercios de la población”. Hoy, tercer miércoles de octubre, es el Día Nacional de la Obesidad. En el Congreso se discute un proyecto de ley de etiquetado frontal, para que los alimentos presenten información más precisa sobre lo que contienen.

Por Dr. Daniel Cassola

El año de pandemia nos distrajo de toda una serie de problemas preexistentes, tanto en el campo de la salud como en otros ámbitos de la vida cotidiana. Uno de ellos es la de la epidemia no transmisible de estos tiempos que corren, el sobrepeso y la obesidad. En el año 2018, la Secretaría de Salud (reconvertida en Ministerio desde diciembre de 2019) y el INDEC dieron a conocer los datos de la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, en la que se informó que el 61,6 por ciento de los argentinos tiene exceso de peso, en una proporción de 36,2 por ciento de personas con sobrepeso y 25,4 por ciento con obesidad.

Es esperable que en un año con mucho encierro y poco movimiento el problema se haya agravado.  “La obesidad no tiene una sola causa (comer mucho) sino que se consolida frente a la sumatoria de varios factores, que inciden de manera individual o simultánea y que, especialmente en tiempos como este, de incertidumbre, nervios, aislamiento y falta de rutina, pueden potenciarse exponencialmente”, sostiene la médica especialista en nutrición Virginia Busnelli, del Centro de Endocronología y Nutrición CRENYF.

Una forma posible de combate al sobrepeso es la conciencia individual sobre lo que se ingiere, para lo que en la actualidad está en trámite en el Congreso una ley de etiquetado frontal de los alimentos. En el mundo hay distintos modelos. En Chile y Uruguay se dispusieron una serie de octógonos negros grandes y muy visibles que se adhieren al frente del paquete de comida y señalan si el producto tiene exceso de componentes como sodio, grasas, grasas saturadas o azúcar. En algunos países de Europa, en cambio, se optó por el modelo ‘semáforo’. Allí la etiqueta contiene la información de la cantidad de grasa o azúcar o los demás elementos que pueden ser perjudiciales para la salud y está impresa sobre colores verde, amarillo o rojo, para indicar la peligrosidad o no del producto.

A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que intenta que este tipo de políticas saludables se propaguen, sugiere aumentar impuestos sobre bebidas azucaradas, causantes de obesidad, diabetes y caries dentales. “El consumo de azúcares libres, incluyendo las bebidas azucaradas, es un factor importante del aumento global del número de personas que sufren de obesidad y diabetes. Por ello, si se aumentan los impuestos sobre estos productos se podrán salvar vidas, reducir los costes sanitarios y aumentar los ingresos para revertirlos en los servicios de salud”, señaló el director del departamento de la OMS para la prevención de las enfermedades no transmisibles, Douglas Bettcher.

En países como México el aumento de impuestos a bebidas azucaradas, tabaco y alcohol se está analizando, además, como una estrategia para poder mejorar la recaudación fiscal en tiempos de crisis económica derivada de la pandemia. No hay que seguir descuidando los otros problemas que tenemos por más que continúe la lucha contra el coronavirus. A la reactivación de los consultorios, los chequeos y los controles debemos agregar políticas contra las enfermedades no transmisibles como la obesidad, diabetes y sobrepeso que esmerilan la salud de la población.

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