La nueva adicción que muchos sufren y de la que muy pocos hablan

Por Dr. Daniel Cassola

La Sociedad Americana de Medicina de las Adicciones define a la adicción como una enfermedad crónica del cerebro que busca la recompensa o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. El ser adicto implica la incapacidad de controlar la propia conducta, dificultad para abstenerse del consumo y la disminución del reconocimiento de los problemas causados por el propio comportamiento. Siempre una adicción deriva en la disminución de la calidad de vida del adicto.

Así como un alcohólico no puede dejar de tomar hoy hay millones de personas alrededor del mundo que han sido cooptadas por una conducta que repiten sistemáticamente, desde que se levantan en la mañana hasta la última hora de la noche. Los teléfonos celulares se han convertido en apéndices de nuestros cuerpos mediante los cuales podemos hablar, escribir, bromear, revisar las redes sociales y jugar.

Les proponemos un ejercicio. Vayan a un restaurant o bar y presten atención a lo que pasa en las mesas. Es seguro que van a ver parejas en las que cada cual está chateando con su teléfono sin conectarse, grupos de amigos en los que las conversaciones se interrumpen a cada instante para revisar el celular y hasta es común que observen una reunión de trabajo en la que no se avanza debido a que cada uno está absorbido por su pantalla.

Lo primero que parece resentirse ante el uso constante del teléfono son las relaciones interpersonales. El bip que alerta sobre un nuevo mensaje puede llegar a interrumpir el beso de una pareja. Si usted, por ejemplo, cuando se levanta a medianoche para ir al baño, revisa el teléfono para ver si tiene mensajes probablemente esté desarrollando una conducta adictiva. Todos estos comportamientos, que se extienden en gran parte de la población, deberían ser considerados como una adicción. Quizás todavía no hayamos tomado conciencia del problema.

Se ha especulado, sin pruebas ciertas aún, sobre el efecto de las radiaciones que emiten y reciben tanto los celulares como las antenas. Pero el efecto más nocivo para nuestra salud no tiene que ver con eso sino con que los dispositivos móviles se han convertido en un obstáculo para mantener relaciones sanas con otras personas.

Y las conductas que describimos también pueden afectar nuestra salud de manera mucho más directa. Se considera que manejar un vehículo mientras se mandan mensajes de texto es peor que conducir ebrio, con todos los riesgos que eso implica tanto para el conductor como para terceros. Los peatones también se ponen en riesgo al usar el teléfono por la calle. Cuando solo hablábamos por celular al menos nuestros ojos podían estar ocupados en mirar hacia adelante. Ahora la pantalla absorbe por completo la atención de alguien que puede estar cruzando una calle sin observar los peligros que lo rodean.

Estas nuevas conductas han sido descritas vagamente de dos maneras. Se habla de tecnofilia, para describir el comportamiento de quien no se puede separar de un dispositivo tecnológico. En cambio se rotula como nomofobia al sentir ansiedad por no tener conexión a internet o por olvidarse el celular. En verdad esto es ya poco común. ¿Quién se olvida el celular en estos tiempos? Podemos salir de nuestros hogares sin las llaves o la billetera pero difícilmente lo hagamos sin el teléfono en la mano.

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