La otra depresión, la post Mundial
Por un mes, hubo clima de fiesta y las obligaciones pasaron a otro plano. Pero la vida real vuelve a pedir pista.
Ahora observamos con amargura esa forma de Lukas Podolski, el diez alemán, de cargar la Copa del Mundo: cabeza abajo y tomándola de la base, como quien lleva algo roto, quizás un trapo. Sólo el fulgor de ese trofeo, Podolski, apenas el reflejo dorado, hace que no podamos creer haber estado tan cerca. Para nosotros, que el Mundial duró todo el Mundial, para nosotros que engordamos, que dejamos todo para después porque avanzábamos y avanzábamos, ese gesto fue un gesto de desprecio. Porque durante un mes las mujeres dejamos aflorar toda nuestra esencia y nos esforzamos en aprender qué es un offside , destacamos sin reparo la belleza de algunos jugadores. Porque acá, Podolski, durante cuatro semanas nadie pensó en otra cosa que juntarse a mirar fútbol. Todos tirando para el mismo lado, en un enredo de abrazos. No importaba con quién, si total el por qué estaba más que claro. Así que podríamos decirte que ni siquiera la merecen: nosotros a esa Copa la hubiéramos puesto altísima en nuestro cielo.
Pero acá estamos, viendo cómo tragamos la amargura; cómo reorganizamos nuestra agenda, todo lo que postergamos. Y todavía esperando que Brasil abandone el silencio y responda qué se siente. Siete a uno, Alemania. El verdugo del que te enamoraste, fuiste una víctima enamorada de su victimario.
Y acá seguimos, sacudiéndonos este mal sueño como los perros que vuelven de la lluvia. Nos agitamos y el agua sigue ahí. «Estoy desesperada», me escribe mi amiga Emilse Pizarro, la futbolera, la que sabe, la que se indigna, la que hincha por Racing. Y se desespera así: «Me deprime ver fotos de jugadores con camisetas estampadas de chivos de bancos y cerámicas». Es que nuestro premio consuelo son los amistosos de las pretemporadas y un torneo de transición que está por empezar.
Para el Mundial de Rusia -tan lejos- faltan cuatro años. Mientras, esperemos al próximo encuentro entre Argentina y Alemania, que será en septiembre, organizado por un marca de indumentaria deportiva.
No está juego un título mundial, pero es una revancha. «No, revancha no, Victoria», corrige al teléfono Daniel López Rosetti, jefe del Servicio de Medicina del Estrés del hospital de San Isidro. Sigue el doctor: «No es una revancha porque esto es irrepetible. Pensá: una final del Mundial, con el anfitrión en el cuarto puesto, lleno de argentinos, con Messi, con-me-ssi, era su consagración… Quizás nunca más puedan darse las mismas circunstacias».
¿Y vos cómo la llevas, Juan?, le pregunto al escritor Juan José Becerra y él me dice que está tratando de ponerse al día con el laburo. Y dice, también: «No podía cumplir con ningún compromiso. La causa práctica era que miraba seis, a veces ocho horas de fútbol por día. ¿Por qué? Porque el fútbol es, de todas las ficciones de la realidad, la más inesperada. No hay muchos acontecimientos que sean simultáneamente realidad y ficción, que ocurran a una hora señalada, durante un tiempo determinado y con la posibilidad de ver todo aquello de lo que está hecho. Mi sensación actual, que ya se me va a ir porque es una patología transitoria, es la de que la vida consiste en un mes de felicidad cada cuatro años de suspenso». Transitamos un fenómeno en masa -algo que ocurre cada tanto- que nos dejó en medio de un duelo. «Hay que darle lugar a la tristeza, sin necesidad de pararnos en la depresión o en melancolía», sugiere el psicoanalista Guillermo Bruschtein.
Algunos sueñan, como el filósofo Darío Sztajnszrajber. «Soñé que la jugada de Palacio entraba y que salíamos campeones. Bilardo, Sabella y Verón levantaban la copa. La camiseta argentina se volvía roja y blanca, y era el Estadio Unico y todos gritábamos por el pincha (N. de la R.: a Darío se lo permitimos) . Sigo pensando en por qué la pelota no entró. Me sigo acongojando. Nada grave. Estoy feliz con el proceso, con el técnico, con el grupo. Por eso el sueño». Un sueño. Un sueño, Podolski. Por favor, levantá esa Copa y hacele honor al título de Campeón.
Fuente: Sin Mordaza
