Por Dr. Daniel Cassola
Partimos de una evidencia: hay algo en nuestra alimentación, o en relación con ella, que no funciona como corresponde. Los índices de sobrepeso y obesidad son cada vez más elevados a más temprana edad. Una primera observación es que nuestra ingesta de comida puede ser desbalanceada, pero también hay que considerar la posibilidad de que no nos estemos moviendo lo suficiente. Se puede ser obeso por comer de más, por hacer ejercicio de menos, o seguramente lo más frecuente, por las dos cosas a la vez.
Luego resulta necesario precisar qué sería una alimentación saludable. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud recomienda el consumo diario de cinco porciones de frutas o verduras (400 gramos) sin incluir a la papa, la batata y el choclo. Sin embargo, los especialistas de la OMS han relevado que esto se cumple solo en un 40 por ciento de la población.
Por otro lado, nos encontramos con noticias preocupantes sobre las frutas, verduras y hortalizas que consumimos. Por requerimiento de una ONG que presentó una serie de recursos en la Justicia, el Senasa se vio obligado a publicar informes sobre los controles que ejerce en los productos que se venden en el Mercado Central.
Los resultados son alarmantes. El 63 por ciento de los productos auditados presenta residuos de agrotóxicos. Y en algunos casos, como la mandarina o la pera, la cifra se dispara al 90 por ciento. ¿Qué efecto puede tener en la salud comer una pera (se consume generalmente sin pelar) en este estado? Es una pregunta que todavía no ha sido respondida por las autoridades.
Mientras que los alimentos que deberían ser saludables no sabemos si realmente lo son por un problema de contaminación, vemos que los niños, luego de los seis meses consumen más harinas, azúcar y gaseosas que frutas y verduras. La tendencia se recrudece mientras los chicos crecen. Las frutas y verduras continúan retrocediendo en el ranking de consumo.
La paradoja está planteada. Los alimentos que más se deberían consumir están en cuestión por su salubridad, por la forma en la que se los produce. Mientras tanto los más jóvenes se atiborran de azúcares, harinas y gaseosas, que hace crecer sus cinturas.
La clave es el balance. Una dieta saludable es la que incluye a todos los grupos de comidas y además la combina con ejercicio físico. Sin extremos y sin prohibidos, con variedad y movimiento podemos alcanzar la tan deseada alimentación saludable.









