La precariedad de las estructuras estatales atenta contra la vida de trabajadores y pacientes

Por Dr. Daniel Cassola

Si bien son épocas de austeridad presupuestaria hay cuestiones en las que no se puede ahorrar un centavo. En la provincia de Buenos Aires se viven horas complicadas para todos aquellos que trabajan o utilizan las instalaciones públicas.

Hace dos semanas dos trabajadores de la educación murieron en un colegio sin gas tras la explosión de una garrafa. Se trata de dos muertes absurdas, evitables y lamentables. Hoy nuevamente nos encontramos con una noticia preocupante que concierne a un hospital público.

En el Hospital Evita de Lanús un paciente que salía de una cirugía y un camillero cayeron por el hueco de un ascensor desde el quinto piso. El paciente presenta hundimiento de cráneo y tuvo que regresar al quirófano. Su estado es reservado y se espera la evolución. Por su parte el trabajador sufrió varios traumatismos pero, al parecer, ninguno de gravedad.

Aquí hay que decir algunas cuestiones que pueden parecer obviedades pero que es necesario recordarlas. En una escuela, que es un lugar público por el que pasan durante horas cientos de chicos y decenas de adultos es necesario que las cuestiones básicas funcionen.

Tiene que haber gas y, sino, algún sistema de calefacción seguro para el invierno. También es crucial que funcionen correctamente las instalaciones eléctricas. En otra noticia publicada hoy se comenta que una docente en La Matanza sufrió una electrocución en un colegio de la zona. Aún no están claras las circunstancias pero la trabajadora se encuentra internada con parte de su cuerpo paralizado.

De la misma manera, un hospital debe contar con ascensores que funcionen, servicios al día e instalaciones que sean seguras. Ya bastante problema tienen los trabajadores de la salud al lidiar con las enfermedades como para tener que esquivar defectos estructurales. Hay fotos que circulan sobre el estado de algunos hospitales y parecen lugares de Medio Oriente arrasados por la guerra.

Nadie pide instalaciones lujosas pero sí un mínimo de higiene y seguridad en lugares que pueden ser tan sensibles. Si hay que hacer un ajuste este no debe hacerse en cuestiones que repercutan en la seguridad de médicos, trabajadores, docentes, alumnos o pacientes. Y si hay un déficit que se arrastra desde hace mucho tiempo quienes gobiernan deben garantizar, al menos, la seguridad mínima para que una escuela o un hospital funcionen correctamente. Para eso los votó la gente.

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