Por Dr. Daniel Cassola
La historia argentina, al menos en los últimos 50 años, está signada por las crisis económicas. El rodrigazo, la bicicleta financiera, la hiperinflación y el estallido de 2001 sean quizás los episodios más resonantes, pero también se han vivido otros momentos de zozobra como la crisis del tequila, el parate mundial de 2008 o la actual crisis cambiaria.
De un tiempo a esta parte se ha comenzado a medir el impacto que estos eventos en la salud de quienes lo padecen. El hecho más traumático de toda la historia económica nacional es la crisis de 2001, que dejó a más de la mitad de la población sumergida en la pobreza.
Unos años después la Fundación Favaloro junto a la Universidad de Massachussets (Estados Unidos) elaboraron un estudio en el que consignaron un dato que traduce las crisis económicas en términos sanitarios. Según esta investigación entre abril de 1999 y diciembre de 2002 se registraron 20 mil muertes más de lo habitual por eventos cardíacos.
En aquel momento, Enrique Gurfinkel, quien era jefe de la Unidad Coronaria de la Fundación Favaloro y además dirigió el estudio sostuvo que “el mal manejo de la cosa pública mata o enferma a la población”. Y agregó: “Tengo la impresión que los datos obtenidos indican que esto puede volver a pasar, o que ya ocurrió con anterioridad”.
En la actualidad no contamos con Gurfinkel para que continúe con su hipótesis, ya que falleció en 2011, pero la reciente corrida o crisis cambiaria han despertado los interrogantes que se ciernen sobre la salud de la población ante este tipo de sucesos.
Según sostienen desde el Centro de Estudios Especialistas en Trastornos de Ansiedad (CEETA), la devaluación, la inflación y la actual crisis de confianza en la economía argentina provocaron un aumento en los casos de ansiedad, angustia y estrés.
Gabriela Martínez, directora del CEETA, sostuvo que las crisis profundizan los cuadros de quienes ya padecen un malestar de este tipo pero también hacen estallar nuevos casos entre quienes ven al futuro con invertidumbre. Un caso típico podría estar dado en alguien que ha contraído un crédito que se ajusta por la inflación o que depende del valor del dólar.
De todas maneras, Martínez deja en claro que todos podemos sentir algo de ansiedad ante una situación difícil, lo que no sería grave. La cuestión es cuando el cuadro se profundiza y comienza a repercutir tanto en la salud como en los vínculos cotidianos. Alguien preso de la angustia es más irritable y más propenso a confrontar con otras personas.
Por último la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) y la Sociedad Cardiológica Argentina (SCA) recomiendan que ante este tipo de situaciones se intensifiquen las campañas de prevención y el control de los factores de riesgo.
Está demostrado que las crisis económicas no solo afectan al bolsillo.









