Los jubilados precoces

En mi cañera alcohólica toque fondo pero ´seguía cayendo», dijo Carlos, adicto en rehabilitación y hoy asistente terapéutico. Y él, ahora gran amigo mío y colaborador en nuestra comunidad terapéutica, nos sigue diciendo. «…Me quedé esperando que alguien me dijera que no era alcohólico, entonces me aferré al último vagón del tren y entré en un centro de recuperación», ahí pude comprender que el alcoholismo es una enfermedad de autodiagnóstico «durante 90 días me dijeron que escuche», hoy todos los días agradezco a Dios lo que vivo, «el servicio a otros que viven lo que yo viví es el dínamo de mi recuperación». Tres hechos clave se dieron en Carlos: a) la aceptación de que tiene una enfermedad que no puede controlar solo; b) terminar con el autoengaño que es uno de los núcleos de la adicción y, por fin: c) escuchar adicción como defensa ante la angustia Mientras tanto entro a un bar típico de un centro veraniego muy concurrido. Sentía nostalgias por esta visita y luego de diez años me encuentro con «otro» bar. Del café nocturno matizado por charlas sobre la vida, los desafíos y el futuro; me encuentro ahora con otro ambiente. Me asombra ver bidones de 2 litros de cerveza que eran devorados por gente joven y por adultos. Había cambiado el marketing del negocio, pero también las costumbres sociales. Me apena ver menores de 14 ó 15 años en la misma actitud. La cerveza, en ellos parecía ser un «rito de encuentro». Pienso, mientras tanto, en Carlos ¿así habrá empezado él?, y también en otros pacientes que atiendo que son menores como los que veo. El alcohol cuando hay exceso empieza a operar por sí mismo. Hay dos elementos que se articulan: a) cuando es un adolescente o un púber de más de 10 años, hay un desarrollo del sistema nervioso y de su identidad psicológica que están en transición y; b) el propio alcohol que al desinhibir en un primer momento genera un estado de euforia por varios minutos. En un cerebro inmaduro, o sea, con los niveles superiores de control en desarrollo, esto resulta muy atrapante. La inyección de dominar que se genera por la invasión de sustancias -eje de la sensación y activación del placer- que genera esta «droga» a la mano como es el alcohol, es mucho mayor que la propia dopamina que genera el sexo, el deporte o la alimentación. drogas y el 2,5% lo hace en forma semanal. El 60 % de los menores abusan del alcohol los fines de semana. En las poblaciones periféricas y sumergidas, el consumo supera largamente la media nacional y llega al 30% de la población juvenil (habitualmente desescolarizados). En estos adolescentes, su contexto de contención está habitualmente en crisis: a) Se detiene su desarrollo adolescente, por el alto consumo de alcohol y de drogas y en lo escolar se dificulta su capacidad de aprendizaje, b) Hay habitualmente una disolución del mundo adulto en ellos: dimisión de los padres por debilidad en la conducción de límites educativos, familia monoparental (padre o madre solos) sin tiempos cuantitativos y cualitativos para atenderlos, c) Y por último y quizas lo más grave ¿qué padres y qué trama de padres sustituti vos sociales (instituciones espirituales, educativas, barriales, deportijoven no crece sin cuidados. Esto lo ayudará a cuidarse. A ejercitar el control de sí mismo. El mito nos enseña que el hombre para vivir necesita estar al cuidado del Dios Saturno; representante del cuidarse. Saturno era el Dios de la Cura. Cura y cuidar, es lo mismq. El que está curado es porque aprendió a cuidarse. SALUD ADOLESCENTE ¿Hernos fracasado como cuidadores y transmisores del cuidado? ¿Mientras tanto que sucede con la son la base de la salud adolescente: 1) Alimentación: jaqueada desde la falta del desayuno hasta la comida «chatarra». 2) El ritmo del dormir vivir de noche y dormir de día que genera una masa de jóvenes con cerebros «fundidos», porque se altera el ciclo biológico normal. 3) Primacía del sedentarismo unido esto a la teleadicción. 4) Desarrollo intelectual debilitado por el nivel escaso de lectura. 5) Escolarización deficiente. 6) Ocio creativo sólo basado en «movidas» nocturnas. 7) Escaso desarrollo de habilidades manuales, artesanales y/o artísticas. 8) Uso/abuso de alcohol y/o drogas con la utilización, a veces, de dosis alta de cafeína. 9) No hay una utopía que llame a una vocación y a un proyecto; 10) Amistades francamente negativas para su desarrollo. Así vamos viviendo al revés. Surgen adolescentes que se van deteriorando. Son los jóvenes «viejos». Jubilados precoces ?

La Prensa – Argentina

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *