Por Dr. Daniel Cassola
Al lado de la existencia de los vectores y agentes causantes de enfermedades, los temas políticos son efímeros. Los microbios, bacterias y microorganismos llevan sobre la tierra millones de años. Lo mismo sucede con las fallas del organismo que provocan enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes.
Contra enemigos tan calificados como lo son todas estas patologías debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para no darles ventaja. Sin embargo, hay ocasiones en los que en estos combates perdemos posiciones.
Son muchos los ejemplos con los que contamos sobre casos en que las demoras de los tiempos políticos atentan contra la salud pública. Una muestra cabal al respecto la constituye la problemática de las enfermedades poco frecuentes. Luego de años de acción para lograr que se apruebe la ley, las organizaciones que reúnen a pacientes con enfermedades poco frecuentes, se encuentran con que la ley no se reglamenta.
Nadie va a curar por decreto ni por ley, pero, en el caso de estas patologías, poner en marcha la ley significa que se capaciten más médicos y que, muy probablemente, más pacientes accedan a un diagnóstico certero.
Lo mismo está sucediendo con la diabetes. Se aprobó una ley que contempla algo tan vital y sencillo como la cobertura del 100 por 100 de los medicamentos y el acceso a tratamientos nuevos, siempre que esté científicamente comprobada su eficacia. Como en el caso de las enfermedades poco frecuentes, la ley no fue reglamentada.
Desde el punto de vista sanitario, es una oportunidad desperdiciada para que los pacientes tengan una mejor calidad de vida. Y desde el punto de vista político, atenta contra la voluntad expresada en el Congreso. Si algo aprobado en la cámara de representantes no se pone en marcha por el Poder Ejecutivo, estamos ante una falla institucional.
Si solo tomamos estos dos ejemplos estamos hablando de millones de argentinos. Se calcula que aproximadamente dos millones y medio de personas tienen diabetes en nuestro país. Algo similar sucede con las enfermedades poco frecuentes. Son miles de patologías con una incidencia muy baja, pero todos los pacientes de todas estas dolencias juntas están cerca de los tres millones.
Al menos en estos casos, por las demoras en las reglamentaciones de las leyes, hay aproximadamente cinco millones de argentinos afectados.
Lo repetimos. No se puede curar por ley. Pero sí se puede facilitar que muchos argentinos vivan mejor.









