María Julia, un símbolo del pasado
Por Dr. Daniel Cassola
En la memoria colectiva de los argentinos que pasaron los 30 años está la foto de María Julia Alsogaray vestida con un tapado de pieles en la tapa de una revista. Fue el símbolo de un momento, los 90, de la reivindicación del lujo y de los años dorados de la convertibilidad.
Pero la historia siguió su curso y los excesos de esos años se pagaron con desempleo, pobreza y crisis económica. María Julia fue la hija de Álvaro Alsogaray, economista, político y militar que participó de varios gobiernos democráticos y de facto. Su frase más recordada, “hay que pasar el invierno”, fue pronunciada durante un plan de ajuste que implementó como funcionario de Arturo Frondizi, en 1959.
La carrera política de María Julia comenzó en los 80, varios años después de recibirse como ingeniera en la UCA. Fue diputada por el partido de su padre, la UCEDE, a partir de 1985.
Su época de mayor protagonismo fue durante el menemismo. Su padre y el ex presidente Carlos Menem tenían una excelente relación personal, lo que quizás haya servido para apuntalar la carrera de María Julia.
Primero fue interventora de la compañía estatal de telefonía Entel y luego de la empresa siderúrgica Somisa. En ambos casos su función fue gestionar la transición a la privatización de las sociedades.
Alcanzó su mayor grado de exposición como secretaria de Medio Ambiente, cargo desde el que prometió limpiar el Riachuelo en “mil días”, una frase que posiblemente, por lo alejada de la realidad, la haya acompañado hasta el final de sus días.
Luego del menemismo la carrera política de María Julia terminó. Por sus excesos públicos quedó ligada a la peor imagen del proceso político del que participó. De ser un personaje glamoroso de los medios pasó a ocupar las páginas de los diarios por la gran cantidad de causas de corrupción en la que se vio involucrada.
Para 2015 había sido enjuiciada por cinco causas distintas de corrupción durante su paso por la función pública. Tres veces fue encontrada culpable, una vez fue absuelta y la restante causa prescribió.
Pasó prácticamente dos años en la cárcel, entre 2004 y 2006. Tuvo que rematar varias de sus propiedades, entre ellas un lujoso petit hotel ubicado en la Recoleta. En 2015 había sido condenada a cuatro años de prisión domiciliaria en el último juicio que afrontó.
María Julia fue, sin dudas, el símbolo de una época. La ostentación y el lujo que la vestían en el poder chocaron de bruces contra la realidad de pobreza y miseria que dejó instalada su gobierno.
