Más del 80% de los eventos cardiovasculares graves podría prevenirse con controles y hábitos saludables
Las enfermedades cardiovasculares continúan entre las principales causas de muerte y discapacidad, pero una gran proporción de sus consecuencias más graves podría evitarse.
Por Dr. Daniel Cassola
Se estima que más del 80% de los eventos cardiovasculares pueden prevenirse mediante la detección y el tratamiento de factores de riesgo, junto con cambios sostenidos en los hábitos cotidianos.
Uno de los principales desafíos es que algunas de las condiciones que aumentan el riesgo avanzan durante años sin provocar síntomas. La hipertensión arterial es uno de los ejemplos más frecuentes: puede permanecer inadvertida mientras produce daños progresivos sobre el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos.
Un relevamiento del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires encontró que el 63,9% de las personas evaluadas tenía hipertensión. Entre quienes presentaban esta condición, solamente el 49% recibía tratamiento y apenas el 10% mantenía su presión dentro de los valores recomendados.
Incluso entre los participantes sin diagnóstico previo aparecieron señales de alerta. Del grupo que no se consideraba hipertenso, aproximadamente uno de cada diez presentó valores de presión superiores a los normales durante la evaluación.
Hipertensión, colesterol y sedentarismo concentran buena parte del riesgo
En Argentina, alrededor de uno de cada tres habitantes presenta presión arterial elevada y una proporción importante desconoce su condición. La hipertensión constituye uno de los principales factores de riesgo para desarrollar un accidente cerebrovascular (ACV), insuficiencia cardíaca y otras complicaciones cardiovasculares.
El colesterol también ocupa un lugar central. En el relevamiento realizado por el Hospital de Clínicas, el 43% de los participantes tenía antecedentes de alteraciones del perfil lipídico, mientras que el 59,9% presentaba placas de ateroma, depósitos que se acumulan en las paredes arteriales y pueden dificultar progresivamente la circulación sanguínea.
Más de la mitad de las personas evaluadas, además, llevaba una vida sedentaria. Los hombres mostraron una prevalencia de hipertensión del 75%, frente al 53% registrado entre las mujeres. También existen diferencias en la edad de aparición de determinados eventos: en promedio, el primer infarto ocurre aproximadamente diez años antes en los varones.
El impacto excede a la población masculina. Las enfermedades cardiovasculares representan alrededor del 26% de las muertes en Argentina y adquieren especial relevancia entre las mujeres después de la menopausia.
A escala mundial, la magnitud es todavía mayor. Según datos de la Organización Mundial de la Salud correspondientes a 2022, estas enfermedades provocaron aproximadamente 19,8 millones de muertes, cerca de un tercio del total registrado en el planeta. La mayoría estuvo relacionada con infartos y accidentes cerebrovasculares.
Los controles permiten actuar antes de que aparezcan complicaciones
La prevención cardiovascular comienza con medidas relativamente sencillas. Controlar periódicamente la presión arterial, la glucemia y el colesterol permite identificar alteraciones antes de que provoquen consecuencias mayores y comenzar el tratamiento cuando corresponda.
A estas evaluaciones deben sumarse hábitos que reduzcan el riesgo a largo plazo. Una alimentación con mayor presencia de frutas, verduras, semillas y frutos secos, junto con una reducción de la sal, los productos ultraprocesados y el exceso de grasas saturadas, contribuye al cuidado cardiovascular.
La actividad física es otro componente fundamental. Las personas sedentarias pueden comenzar con caminatas o bicicleta durante períodos breves y aumentar gradualmente el tiempo y la intensidad. Evitar el tabaquismo y la exposición al humo de tabaco, moderar el consumo de alcohol y mantener un descanso adecuado completan las principales medidas preventivas.
La detección temprana también se beneficia de los avances tecnológicos. Estudios por imágenes, herramientas de monitoreo cardiovascular y sistemas de análisis asistidos por inteligencia artificial pueden aportar información para identificar arritmias, alteraciones en la función cardíaca u obstrucciones arteriales y facilitar decisiones clínicas oportunas.
La clave, sin embargo, es intervenir antes de que aparezca una emergencia. Infartos y ACV muchas veces constituyen la manifestación final de factores de riesgo que estuvieron presentes durante años. Por eso, incorporar controles periódicos desde edades tempranas y sostener hábitos saludables permite disminuir considerablemente las probabilidades de desarrollar complicaciones cardiovasculares graves y mejorar tanto la expectativa como la calidad de vida.
