Menos sal, más vida
Por Dr. Daniel Cassola
Desde el lunes y hasta el domingo estamos transcurriendo la Semana para la Concientización del Consumo de Sal. Esto es importante ya que se considera que uno de los factores principales de la hipertensión es el consumo desmedido de sodio.
Los argentinos consumimos mucho más sodio que el necesario para la vida y muchísimo más del recomendable para nuestra salud. Todos los humanos podríamos sobrevivir perfectamente con una ingesta de 0,5 gramos de sal por día, lo que nos proporcionaría los 200 miligramos de sodio necesarios.
Ahora bien, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite tolerable para nuestra salud es de 5 gramos diarios, o sea 20 veces más de lo estrictamente necesario. En otras palabras, no debemos consumir más de lo que tienen dos sobrecitos y medio de los que están en bares o restaurantes.
Sin embargo, según la información sanitaria disponible los argentinos consumimos en promedio entre 12 y 13 gramos de sal por jornada. El consumo excesivo de sal es, como decíamos, una de las causas principales de la hipertensión arterial, y a su vez, la hipertensión nos lleva a infartos, accidentes cerebro vasculares y enfermedad renal. Y quizás todo haya empezado con la sal.
Que el salero no esté en la mesa puede ser un buen primer paso pero no alcanza. Por la información que se está difundiendo durante esta semana se cree que alrededor del 70 por ciento de la sal que consumimos no la agregamos sino que está incluida en las preparaciones que consumimos.
Por ello se recomienda limitar el consumo de algunos productos, los más salados que hay. Nos referimos a los chacinados secos, los chorizos, los snacks, las hamburguesas y toda una amplia gama de galletas, galletitas y panes.
Hay panaderías y cadenas que ya asumieron el compromiso de fabricar alimentos con un menor contenido de sodio, por lo que tenemos que estar atentos a carteles y etiquetas.
Además, en los últimos años se ha comprobado que en bebés se incrementó el consumo de sal mediante alimentos blandos procesados que se ingieren a partir de los 6 meses de vida. Esta tendencia puede potenciar los riesgos de hipertensión a futuro.
Lo mismo sucede durante la niñez o la adolescencia. A mayor presión (y probablemente consumo de sal) en edades tempranas, mayor es la posibilidad de contraer hipertensión. Los adolescentes son, en la actualidad, quienes más han disparado el consumo de sal por medio de las comidas rápidas y los snacks. Como se podrán imaginar, en los adultos mayores la necesidad de reducir el consumo de sodio suele ser imperiosa.
Junto con el sedentarismo, el tabaquismo y la obesidad, el consumo de sal forma el grupo de enemigos públicos de la salud mundial. Con información y prevención podemos disfrutar del verdadero sabor de la vida, que no es otro más que poder gozar de una salud en plenitud.

