Nosotros y los miedos: ese raro sentimiento que es amigo o enemigo

No hay persona psicológicamente normal que carezca de miedo. Un valiente no es quien no tiene miedo sino quien lo domina y actúa. Pero ¿qué desencadena esta sensación que, llevada a extremos, paraliza y en lugar de ser una protección natural se vuelve un enemigo? Real o neurótico, el miedo también sirve para aprender.

Decía el filósofo y escritor francés Albert Camus que el miedo mayor que sufre el hombre no es a la muerte propia sino a la muerte de sus seres queridos. Luego vienen todos los demás temores: físicos, materiales, psicológicos, afectivos, emotivos, etc.

Según los psicólogos el miedo es una emoción provocado por un sentimiento negativo muy fuerte y desagradable provocado por alguna forma de peligro. No importa si éste es real o supuesto, presente o pasado. Por ejemplo: sentimos miedo si un ser querido tiene una crisis de salud. Podemos sentir miedo al recordar lo que sufrimos al protagonizar un accidente y al revivir tensiones, dolores y pérdidas revivimos esa emoción. Alguien puede pensar «cómo es posible sentir miedo del pasado», pero eso lo responde el licenciado psicólogo Eduardo Goldman quien nos dice que los recuerdos siempre son en tiempo presente (experimento fácil: recordemos un hecho e nuestra infancia, seguramente reviviremos hasta los olores del lugar donde sucedió). Pero no hay una sola clase de miedo sino que se divide en varios tipos.

Miedo real. Se produce cuando la dimensión del miedo que se siente (poco o mucho) está en relación con el peligro o situación negativa que se nos presenta y amenaza.
Miedo neurótico. Esta forma de expresión emocional sucede cuando la reacción que se produce no tiene ninguna relación con la situación de presunto peligro con la que se enfrenta. Ejemplo: entrar en pánico cuando pasa cerca de un perro pacífico y aún que esté tras una reja.

Actualmente existen dos grandes líneas en la psicología que analizan el miedo. Una, la conductista y la otra la psicología profunda.

Para la psicología conductista el miedo es algo aprendido, es decir transmitido de padres a hijos. Ejemplo: «En la oscuridad hay fantasmas y monstruos que te van a agarrar si te portás mal». El resultado será una persona que tendrá miedo a la oscuridad el resto de su vida. Para la psicología profunda, el miedo que sufre una persona es correspondiente a un conflicto básico existente y no resuelto, es decir, viene con nosotros cuando nacemos. Ejemplo: si tenemos miedo a la oscuridad es porque imaginamos que es cierto que está habitada por fantasmas y monstruos.

El miedo protege
Se acepta casi sin discusión que el miedo es una herramienta natural para la defensa y la supervivencia. Si nos ataca un animal feroz vamos a tratar de ponernos a salvo nosotros y a nuestros seres queridos para protegerlos. Luego elaboraremos un plan (o lo que sea) para alejarnos del peligro o terminar con él, pero siempre tratando de estar lo más a salvo posible arriesgando nuestra integridad lo menos posible para obtener el resultado buscado. No es cobardía vergonzante huir de una amenaza que no es posible enfrentar, es el sentido de la sobrevivencia disparado por el miedo natural que nos protege al enviarnos esa señal de alerta que es el miedo.

Las especies sobrevivieron gracias al miedo: huyeron cuando los acechaba un peligro mayor. El Hombre es la demostración.

En sentido contrario, no es valiente quien no tiene miedo a nada. Personajes así que los hay- lo son porque carecen de ese sentido, que no es diferente a los que carecen del sentido de culpa los delincuentes-, o del sentido común los dementes-, sólo por poner algunos ejemplos de carencias de algún sentido. Quien asegura no tener miedo a nada, íntimamente está convencido que es indestructible, invencible y, finalmente inmortal. Y ya sabemos que los cementerios también reciben a seres tan especiales.

El mecanismo que dispara la emoción del miedo, tanto en el ser humano como en los animales se encuentra en el cerebro. Exactamente en el sector reptiliano que es el que se encarga de regular acciones elementales y diarias como comer y respirar. Y también en el sistema límbico, regulando las emociones, la lucha, la huida, evitar el dolor, y todas aquellas funciones que tengan que ver con la conservación del individuo y su especie.

Fuente: Diario Popular

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