Muerte súbita: en Argentina provoca unas 45.000 muertes al año y destacan la importancia de actuar en los primeros minutos
La muerte súbita cardíaca constituye uno de los principales problemas de salud pública en Argentina. Se estima que cada año provoca alrededor de 45.000 fallecimientos en el país, una cifra que representa más de un centenar de muertes por día. La mayoría de estos episodios ocurre de manera inesperada, fuera del ámbito hospitalario, lo que convierte a la respuesta inmediata en un factor determinante para aumentar las posibilidades de supervivencia.
Por Dr. Daniel Cassola
Especialistas en cardiología advierten que aproximadamente el 70% de las muertes súbitas se producen en hogares, lugares de trabajo, clubes, escuelas o espacios públicos, donde el acceso rápido a la asistencia médica suele ser limitado. Además, alrededor del 15% de los casos ocurre en el ámbito laboral.
La muerte súbita generalmente se produce como consecuencia de una alteración eléctrica del corazón que provoca un paro cardíaco repentino. En estos casos, cada minuto resulta decisivo: por cada minuto que transcurre sin iniciar maniobras de reanimación, las probabilidades de supervivencia disminuyen entre un 7% y un 10%.
Frente a esta realidad, los especialistas destacan que la combinación de maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) y el uso precoz de un Desfibrilador Externo Automático (DEA) durante los primeros minutos puede elevar la posibilidad de supervivencia hasta el 80% en determinadas situaciones.
«Cardioproteger un espacio es un acto médico. No alcanza con tener un equipo: hay que tenerlo señalizado, mantenido y rodeado de personas capacitadas para que funcione en el momento que importa», explicó el doctor Mario Fitz Maurice, director médico del Instituto Nacional de Arritmias (INADEA).
En Argentina, la Ley Nacional 27.159 promueve la instalación de desfibriladores externos automáticos en espacios públicos y privados de acceso masivo, con el objetivo de facilitar una respuesta temprana frente a un paro cardíaco. A esta normativa se suman diversas leyes provinciales y municipales que buscan ampliar la cobertura de los denominados espacios cardioprotegidos.
Sin embargo, los especialistas sostienen que la simple presencia de un DEA no garantiza una respuesta efectiva. La cardioprotección requiere una estrategia integral que contemple la correcta planificación, mantenimiento del equipamiento y capacitación permanente de quienes podrían intervenir ante una emergencia.
Según INADEA, un espacio cardioprotegido debe incluir una evaluación profesional para determinar la cantidad y ubicación adecuada de los desfibriladores, su correcta señalización, protocolos de actuación, mantenimiento periódico de los equipos y entrenamiento continuo del personal en RCP y utilización del DEA.
La institución sostiene que la capacitación constituye uno de los pilares fundamentales para reducir la mortalidad por muerte súbita. En muchos casos, quienes presencian un paro cardíaco son compañeros de trabajo, docentes, familiares o transeúntes que pueden iniciar maniobras de reanimación mientras llega el sistema de emergencias.
Diversos estudios internacionales muestran que la realización inmediata de RCP por parte de testigos duplica o incluso triplica las probabilidades de supervivencia. Cuando esa intervención se complementa con el uso temprano de un desfibrilador, las posibilidades de recuperación aumentan significativamente.
Los especialistas recuerdan que la muerte súbita puede afectar a personas con enfermedades cardiovasculares conocidas, pero también presentarse en individuos aparentemente sanos. Entre las causas más frecuentes figuran las arritmias ventriculares, el infarto agudo de miocardio, algunas cardiopatías hereditarias y determinadas alteraciones estructurales del corazón.
Aunque no todos los episodios pueden prevenirse, la reducción de factores de riesgo cardiovascular, los controles médicos periódicos y el tratamiento oportuno de enfermedades cardíacas contribuyen a disminuir la incidencia.









