Para cuidar la salud, ¡ojo con los antibióticos!
Por JORGE ERRECALDE P aul Ehrlich, a principios del siglo XX, acuñó el término quimioterapia. Este término define la selectividad y toxicidad de un determinado fármaco sobre agentes patógenos invasores de un organismo (animal o humano), sin afectar a éste último. Esos invasores pueden ser virus (los más pequeños), bacterias (algo mayores pero invisibles al ojo desnudo) o parásitos (en muchos casos de tamaño apreciable a simple vista). Los fármacos que se utilizan para combatir a estos agentes patógenos son los antivirales, antibióticos y antiparasitarios. La utilización poco prudente de estos medicamentos puede dar lugar a la selección de agentes patógenos resistentes. En el caso de las bacterias, este tema tiene una gran importancia porque una infección producida por bacterias multirresistentes (es decir que resisten a varias antibióticos a la vez) puede ser muy grave y, en casos extremos, puede no existir un tratamiento eficaz para su combate. UN ANTIGUO DEBATE Mucho se ha discutido sobre la génesis y diseminación de bacterias resistentes, pero si en algo se está de acuerdo, es que la principal causa es el uso imprudente de antibióticos. Y el uso imprudente, si bien de definición compleja, abarca la utilización de un antibiótico cuando no es necesario (por ejemplo en infecciones por virus -resfrío común-), la automedicación (cuando alguien que tiene un antibiótico en casa lo usa porque se siente mal y sin consulta médica), la prescripción sin diagnóstico o “por las dudas”, la medicación durante tiempos inadecuados, en dosis inadecuadas, con intervalos entre dosis inadecuados, etc. En los últimos años se ha hecho hincapié en la terapia antibiótica en animales como una fuente de generación de bacterias resistentes que, eventualmente, pueden llegar a afectar al hombre. Los antibióticos son utilizados en los animales, de igual modo que en el hombre, para el tratamiento de enfermedades infecciosas. Existe, sin embargo, otro modo de utilización, relativamente extendido, que consiste en la administración de estos agentes en dosis más bajas que las habituales, para obtener un mayor crecimiento de los animales de consumo en los sistemas intensivos de crianza. Esta aplicación de los antibióticos es llamada “promoción del crecimiento”. Si bien hay muchas teorías que pretenden la explicación del porqué un antibiótico en dosis bajas puede aumentar la ganancia de peso de aves, cerdos, bovinos u otros animales criados intensivamente, la más simple y aceptada pareciera ser que el producto que se aplica estaría supliendo carencias higiénicas y de manejo que, en ausencia de antibióticos, redundarían en una menor ganancia de peso o una mayor mortalidad. Una corriente de opinión internacional de influencia en algunos países desarrollados aboga a favor de la supresión de la utilización de antibióticos como promotores del crecimiento en animales, por los riesgos que esta utilización supone en la emergencia de bacterias resistentes y su eventual llegada a la población humana. Se ha discutido sobre la génesis y diseminación de bacterias resistentes, pero si en algo se está de acuerdo, es que la principal causa es el uso imprudente de antibióticos Si bien no existen evidencias claras -salvo contadas excepciones- de transferencia de bacterias resistentes de los animales al hombre, debemos tener presente que la utilización de grandes cantidades de antibióticos como promotores del crecimiento no es una actividad sostenible. En algunos países, altamente desarrollados, se ha suprimido la utilización de antibióticos en la dieta, como promotores del crecimiento con relativo éxito. Sin embargo, no podemos comparar sistemas productivos como el danés, o el sueco, de excelente manejo nutricional e higiénico, con instalaciones de primer nivel, en que los antibióticos se usan solo terapéuticamente (es decir para tratar animales enfermos), con sistemas vigentes en países del tercer mundo, en que las condiciones higiénicas y nutricionales y las instalaciones distan, en muchos casos y en mayor o menor medida, de aquellas. Por lo tanto, la supresión de antimicrobianos como promotores del crecimiento en granjas, que se viene llevando a cabo en países con elevado grado de desarrollo, aunque deseable, no es aplicable en forma inmediata en países en desarrollo. Estos países necesitan las condiciones ideales para que esto se concrete. DESAFIOS Y NECESIDADES Es evidente que, en países en desarrollo se necesitan esfuerzos importantes en entrenamiento del personal encargado del manejo alimentario y sanitario, y mejoras en las instalaciones para comenzar, paulatinamente, a limitar la utilización de antibióticos como promotores del crecimiento. No contemplar esto, sería generar un mercado negro de productos de calidad por lo menos dudosa, y limitar seriamente el rendimiento de esas explotaciones, destinadas a alimentar poblaciones numerosas en las que la producción de proteínas de calidad es una necesidad esencial. La Organización Internacional de la Salud Animal (OIE) tiene una responsabilidad fundamental en este terreno y lleva adelante políticas de entrenamiento y educación a través de diversas herramientas para aplicación en los 178 países miembros. La filosofía de una única salud sobre el planeta, salud humana, salud animal, salud vegetal, seguridad del medio ambiente y mantenimiento de la biodiversidad, requieren de acciones coordinadas entre las organizaciones internacionales y sus países miembros, de fundamental importancia para mantener un planeta sano y autosustentable. Titular de las cátedras de Farmacología de las facultades de Medicina y Veterinaria de la UNLP
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