Por Dr. Daniel Cassola
Probablemente no haya un tema sobre el que tantos políticos hayan prometido tantas cosas que no se cumplieron. Desde los mil días días de María Julia Alsogaray hasta las excursiones de pesca de Juan Cabandié, el Riachuelo permanece como una masa de agua infecta que amenaza la salud de quienes moran a su vera.
Por estos días, un relevamiento de la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) realizado en Villa Inflamable, Dock Sud, detectó que los problemas de siempre siguen sin solución. Según los estudios logrados por profesionales del Hospital Fiorito, se detectaron infecciones dermatológicas en niños, además de que 5 de ellos presentaban índices de desnutrición.
“Debemos intensificar la tarea. No me sorprendió lo que vi, pero me llamó la atención los problemas de educación. Especialmente a las madres. Los niños en lugar de leche toman mate cocido”, expresó el pediatra Fabio Cerasone. El facultativo agregó que “las calles de barro y las inundaciones provocan que las infecciones en los niños se agraven más”.
De las 18 mil familias que deben dejar las márgenes de la cuenca, 1700 vivían en Inflamable, pero en una década sólo 570 se trasladaron a predios capitalinos, quedaron pendientes 440 departamentos para vecinos y en muchas obras quedaron abandonadas desde 2015.
Presente en la recorrida la titular de la ACUMAR, Gladys González, aseguró -tras atender a un centenar de vecinos- que “ver tanta necesidad es muy triste, porque es gente que espera hace tanto tiempo. Por eso suenan vacías las palabras, porque tantos han venido a prometerles de todo. Nosotros le tenemos que demostrar con hechos, que lo vamos a hacer para que la gente vuelva a confiar”.
La titular de la ACUMAR disparó indignada: “La verdad que esto es un verdadero crimen, yo no sé qué otra palabra usar. Estuvimos en una calle que no está asfaltada, jamás se hizo, pero figura pavimentada, es un basural, se inunda y los barros contaminados ingresan a las casas”.
Sin asfalto, cloacas y agua de red la salud es imposible. Quienes viven en las condiciones que relevaron los funcionarios de la ACUMAR son, en los hechos ciudadanos de segunda, privados de varias de las comodidades más básicas que requiere un ser humano para vivir dignamente.
Es deseable que esta vez, y de una vez por todas, se pase de las promesas y los disparates a las acciones concretas.









