Un “libro negro” de la dieta saludable divide a los EEUU

Es una guía de consejos nutricionales que aconseja beber café, no prestar tanta atención al colesterol y “saltar” el desayuno. La opinión de los especialistas

El gobierno de Estados Unidos publica cada cinco años -a través del Departamento de Salud y Servicios Sociales y el Departamento de Agricultura (HHS y USDA, por sus siglas en inglés, respectivamente)- una serie de recomendaciones que expresan el pensamiento oficial sobre lo que constituye una comida nutritiva.

Esta Guía Alimentaria para los Estadounidenses o Dietary Guidelines for Americans, está confeccionada por expertos de la salud y tiene una gran influencia en los programas de alimentación de todos los estados. Por esta razón, la comunidad científica presta especial atención a este documento que, en esta última edición, generó mucha controversia.

La guía de 2015 aconseja a los estadounidenses a seguir un patrón de alimentación que incluya una variedad de frutas y verduras, cereales, proteínas (incluyendo carnes magras, mariscos, frutos secos) y aceites. “Los estadounidenses estarán familiarizados con la mayoría de nuestros hallazgos” señaló Sylvia Matthews Burwell, secretaria del Departamento de Salud y Servicios Sociales. Sin embargo, hay algunas contradicciones en su última edición.

Sin embargo, la controversia no tardó en llegar y las recomendaciones fueron fuertemente criticadas por un grupo numeroso de científicos que denunció “contradicciones” en función del mercado y una baja capacidad de impacto en la salud general de todos los ciudadanos.

El patrón alimenticio que contiene la guía moldea los almuerzos de millones de niños en edad escolar y sirven de base para campañas de salud pública sobre enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer en todo Estados Unidos.

La versión de la guía de la polémica derribó el límite estricto sobre el colesterol (de 300 miligramos por día) y ya no lo considera una preocupación, dando un paso atrás, según señalan muchos expertos, en uno de los mensajes sobre salud pública más importantes desde los años 60.

También aliviana los límites sobre el consumo de sal. En ediciones anteriores, se instó a la mayoría de los adultos a no consumir más de 1500 miligramos de sodio al día. Bajo las nuevas directrices, se recomienda limitarse a 2300 miligramos de sodio por día (la cantidad de sodio en una cucharada de sal).

Una de las principales criticas a esta guía es a los consejos que han resultado innecesarios o exagerados

Además, aprobó el café con hasta cinco tazas al día de 200 mililitros aproximadamente sin efectos negativos para la salud. Por otro lado, indicó que saltarse el desayuno ya no se considera un peligro para la salud. Una de las críticas principales a esta guía es que justamente ha dado consejos que luego han resultado innecesarios o exagerados.

Esta actualización surge en el marco de un acalorado debate sobre si las recomendaciones (emitidas desde 1977) están basadas en conocimientos científicos sólidos. Por eso, se realizó en octubre pasado una audiencia en el Congreso estadounidense donde se aprobó una medida para que la Academia Nacional de Medicina revisara la forma en la que ambos organismos generen los consejos.

Sin embargo, Sylvia Burwell y el secretario de Agricultura, Tom Vilsack, afirmaron que la opinión nutricional del gobierno se ha mantenido constante a lo largo de los años: consumir más frutas, verduras y granos enteros y menos grasas saturadas, sodio y alimentos con azúcares añadidos como las golosinas y las gaseosas.

Qué pasa con las grasas saturadas
Una de las recomendaciones más polémicas gira en torno al consumo de grasas saturadas. Estas grasas características de la carne y los productos lácteos están especialmente politizadas ya que sirven de excusa para argumentar sobre los efectos del consumo de carne, un tema esencial en 2015 debido a un informe que las tildó de “cancerígenas”.

Cuando el gobierno establece normas que se entrometen con el consumo de carne se produce un entrecruzamiento de intereses diversos desde la propia industria hasta la comunidad vegetariana, los defensores de la dieta paleo y los activistas de los derechos de los animales entre otros.

El problema persiste principalmente porque la ciencia no ha podido trazar una hipótesis respecto de los efectos del consumo de carne y grasas saturadas y los principales grupos de científicos y organizaciones de salud no pueden ponerse de acuerdo. Por un lado, grupos como la Asociación Americana del Corazón, que apoyan las advertencias del gobierno sobre cómo el consumo de carne aumenta el colesterol y, por el otro, la Academia de Nutrición y Dietética, que difieren.

El verdadero debate deberá darse para evaluar si estas directrices han mejorado de alguna manera la salud de la población. Sus detractores critican la poca incidencia que tuvo en la epidemia de obesidad en Estados Unidos y la dudosa rigurosidad de los exámenes científicos que respalden las recomendaciones.

Fuente: Infoabe

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