Un sistema que discrimina al adulto mayor
Por Dr. Daniel Cassola
Hoy les queremos contar dos historias a través de las cuales podemos ver cómo el sistema en el que vivimos no está preparado para convivir con adultos mayores. Es más, veremos cómo los adultos mayores son discriminados.
El primer caso que tomamos surge a partir de una carta de lectores publicada en el Diario Clarín hace algunos días. Un señor de nombre Ernesto Abraham, de profesión ceramista, cuenta que se siente humillado y discriminado porque al jubilarse fue echado de su obra social.
Lo leemos textualmente porque lo expresa muy claramente, dice Abraham: “Fui echado de mi obra social por viejo, por eso quiero acercarle las siguientes reflexiones: el destino del trabajador es llegar a jubilarse, cosa que les pasará a todos los que ahora son jóvenes. Pero cuando uno se jubila comienza a cobrar, más o menos, la mitad de su salario, como si sus condiciones de vida se hubieran cambiado automáticamente. Y ahora no sólo eso, por una resolución de 2013 de la Secretaría de Seguridad se lo echa también de su obra social. Como lo están haciendo en este caso con mi persona”.
Luego el jubilado agrega: “Esto no constituye sólo una injusticia, sino una ofensa al hombre que ha llegado a viejo. Que se siente con toda razón discriminado y excluido del sistema. El que aportó durante años a una obra social tiene todas sus historias clínicas en las instituciones que atendieron su salud. Por años ha utilizado un sistema que ahora se le niega, por seguir vivo”.
La exposición es clarísima. Solo podemos acotar que el destino de este señor, como el de millones de jubilados, es el PAMI y su dudosa calidad de atención.
El segundo caso es incluso más terrible. Se trata de una señora de 80 años de nombre Rosa que desde hace un año y medio vive en la guardia del Hospital Fiorito de Avellaneda.
Quienes allí trabajan cuentan que la señora tiene una almohada y algunas frazadas y duerme en cuatro sillas que ofician como cama. Tanto los trabajadores del hospital como los vecinos de la zona la ayudan con lo que pueden. Algo de comida y algunas cobijas.
La historia también fue publicada en un medio nacional pero, al parecer, nadie se hace cargo. Los médicos del hospital la atienden en la medida que les es posible y le proveen medicamentos cuando dice sufrir algún dolor. Su estado de higiene es precario y las enfermeras cuentan que suele sufrir ataques psicóticos.
Cuando uno de los trabajadores del hospital fue consultado por la situación de la señora, dijo: “No podemos hacer nada, no hay a quién llamar, al menos aquí se le da de comer y los vecinos colaboran”.
Son solo dos historias, debe haber muchas más. Pero estos testimonios ponen de manifiesto que muchos adultos mayores viven en estado de abandono y son discriminados. Ojalá que algún día la historia cambie.

