Por Dr. Daniel Cassola
Desde hace un tiempo a hoy el sistema de salud se ha hecho receptor de la violencia social. No pasa una semana sin que conozcamos sobre algún caso en el que un médico fue asaltado y patrimonio de un hospital ha sido comprometido. De madrugada los hospitales se han convertido en escenarios donde las peleas entre bandas continúan, donde barrabravas y criminales van a hacer ajustes de cuentas. Hemos visto por filmaciones de cámaras de seguridad verdaderas batallas campales incluso adentro de un quirófano.
Debido a esta problemática, el jefe del bloque radical y del interbloque Cambiemos en el Senado, Ángel Rozas, presentó un proyecto de ley que modifica el Código Penal agravando las penas para los delitos que se cometan contra docentes o profesionales de la salud. “Se necesitan políticas de Estado para generar el cambio cultural que vuelva a colocar a nuestros docentes y médicos en el lugar que se merecen”, justificó Rozas, quien tomó nota del pedido presidencial, y agregó que “es necesario reforzar su protección para que puedan trabajar tranquilos”.
El proyecto presentado por Rozas prevé que cuando docentes, trabajadores de la educación o profesionales de la salud en el ejercicio de su profesión reciban alguna agresión, las escalas penales se incrementen en un tercio del mínimo y del máximo.
El chaqueño aclaró que “el sistema penal no es una herramienta que, por sí sola, pueda cambiar una realidad”, pero se mostró preocupado porque según un informe de la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), en la provincia de Buenos Aires se registran entre dos y tres episodios de violencia física hacia educadores semanalmente, a lo que deben sumarse los hechos no denunciados.
“Sabemos que esta es una realidad que se reproduce en todas las provincias de nuestro país, y por eso es necesario modificar nuestro Código Penal para mejorar las condiciones de trabajo de estos profesionales de la salud y docentes que nos preparan y nos cuidan día a día, a nosotros y a nuestras familias”, concluyó Rozas.
Proyectos y soluciones teóricas hay muchas. Se habla de cámaras de seguridad, botones de pánico, guardias hospitalarios y un sinfín de medidas más. Pero muchos centros de salud siguen siendo inseguros para trabajadores y pacientes.
Lo cierto es que la violencia en el hospital es aún un problema sin resolver.









