Por Dr. Daniel Cassola
La hipertensión arterial es sufrida por uno de cada tres adultos y es una de las principales causas de eventos cardiovasculares como infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, accidente cerebro vascular y enfermedad renal.
Es asintomática, y sólo hay una forma de saber si la presión está alta: conociéndola mediante su control periódico. Se considera hipertensión cuando las cifras de presión arterial están elevadas persistentemente por encima de 140/90 milímetros de mercurio (mmHg) o 14/9 como se dice habitualmente. La HTA se puede controlar si se realiza un tratamiento adecuado indicado por un profesional.
La hipertensión arterial no controlada es la principal causa de muerte a nivel mundial; ha mantenido ese triste liderazgo en la última década, y es el principal factor de riesgo para accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, enfermedad renal y otras enfermedades cardiovasculares.
La presión arterial es variable. Si sus valores están en 140 mmHg para la presión sistólica o máxima y/o 90 mmHg para la diastólica o mínima, la persona debe consultar al médico para confirmar si realmente tiene valores elevados, ya que a veces hace falta tomar la presión con otros métodos –como el monitoreo ambulatorio de presión arterial de 24 hs (MAPA) o el monitoreo domiciliario durante varios días (MDPA)– para diagnosticar correctamente si la persona es hipertensa o no.
El estudio RENATA, el más importante a nivel nacional, reveló que la HTA creció casi un 10% en menos de una década en la población argentina: del 33,5% en 2007 al 36,3% en 2016.
Entre la población hipertensa, el 38,8% no sabe que lo es, y sólo un 24,2% están tratados y controlados, a pesar de que existen tratamientos eficaces que incluyen pautas alimentarias, ejercicio físico y, en la mayoría de los casos, terapia farmacológica. Asimismo, un 5,7% de los hipertensos diagnosticados en la Argentina no se tratan, y un 31,3% no están controlados.
Eso significa que hay responsabilidades compartidas, ya que puede deberse a que el paciente no cumpla las medidas no farmacológicas del tratamiento, relacionadas con la alimentación y la actividad física, a su falta de adherencia al tratamiento farmacológico, o también a lo que llamamos ‘inercia médica’, que se da cuando el profesional no le da la debida importancia al cumplimiento de la metas del tratamiento en cada paciente.
Entre los datos más preocupantes que reveló el estudio RENATA, también hay una importante prevalencia de la HTA en personas jóvenes, y de la población menor de 34 años que es hipertensa, el 81% de los varones y el 57% de las mujeres no lo saben.









