San Luis: el hospital cuenta con un pediatra que controla a niños con cáncer

El área de Seguimiento Clínico Oncológico Pediátrico que funciona en el Hospital San Luis para los pacientes menores de 15 años atiende hoy a 26 chicos con distintas patologías. Y de la totalidad de estos enfermos, la mitad corresponden al interior de la provincia. El pediatra especializado, Guillermo Monarde, se capacitó durante cuatro meses en el Hospital Pediátrico Garraham de Buenos Aires. Dos veces por semana controla a estos enfermos en la casa contigua al Centro Oncológico que está ambientada especialmente para recibirlos de tal manera que los chicos se sientan como en su casa.

El médico de 33 años trabaja junto a la psicóloga Elisa García y además tiene el apoyo de todas las especialidades del hospital: cardiología, oftalmología, otorrinolaringología, fonoaudiología y laboratorio. Respecto del trabajo que realiza, Monarde explicó que cuando llega un paciente al hospital con un posible diagnóstico de un tumor o leucemia, se hace la derivación a los centros de alta complejidad ubicados en Buenos Aires, Córdoba o Mendoza según tenga o no obra social y la disponibilidad de camas.

“Una vez que está internado y comenzó el tratamiento la primera etapa, que es muy agresiva, la pasa en ese lugar. La diferencia es que antes debía mudarse por al menos dos años hasta el centro donde fue derivado. A partir de ahora, pasada la etapa crítica del tratamiento, digamos a los 6 o 7 primeros meses, ya puede volver a San Luis porque aquí le hacemos el seguimiento y los controles”, dijo el médico.

Desde que comenzó a funcionar este servicio en febrero, Monarde atendió desde un bebé de 9 meses hasta un adolescente de 16 años. Su tarea es contactar a los oncólogos que comenzaron los tratamientos de los chicos para intercambiar informes. “Ahora esos pacientes tienen que volver cada dos meses a los centros de alta complejidad porque lo que hacemos es ver cómo está el nivel de defensas, si tiene una infección o alguna complicación que pueda generarle la quimioterapia”, añadió.

Para entender este proceso, Monarde aclaró que: “A partir del diagnóstico oncológico se empieza a trabajar en dos líneas: una es el tratamiento netamente oncológico y la otra es el seguimiento clínico. El tratamiento empieza cuando se decide aplicar la medicación, o sea un tratamiento quimioterapéutico para determinada patología. Y el seguimiento diario de cada paciente lo realiza clínica oncológica, que es el médico que controla a los pacientes cómo está sobrellevando la medicación y los efectos secundarios de la quimioterapia”.

Otros casos que tratan en el servicio son los de pacientes que tienen enfermedades muy prolongadas, como un tumor cerebral que no es extirpable. “Cuando esos chicos entraban en cuidados paliativos, antes debían quedarse el resto del tiempo que les quedaba en el centro de alta complejidad a donde fueron derivados. En cambio ahora tenemos la posibilidad de hacer todos esos controles acá y el paciente puede quedarse en su casa. Y en el caso de patologías que son curables tienen todo el tiempo para rehabilitarse aquí”, explicó Monarde.

Según el especialista lo que se logra con estos controles es, además de posibilitar que el tratamiento sea efectivo, cuidarlos del período de 6 meses posterior al tratamiento que es cuando pueden aparecer secuelas de la quimioterapia.

“Estas afecciones pueden ser cardíacas, auditivas, oculares y si se aplican rayos también pueden sufrir lesiones en la glándula tiroides, en ovarios o testículos. Y si afecta el núcleo de dosificación del hueso puede alterar el crecimiento de ese paciente. Todo esto lo tenemos que controlar para evitar que aparezcan y si tiene alguna de estas secuelas, debemos lograr minimizar sus efectos. Y lo más importante: controlamos que no haya una recaída”, relató el pediatra.

El médico Guillermo Monarde está a cargo del servicio junto a la psicóloga Elisa García.

El Diario de la República

 

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