Un fin de semana en familia

Por Dr. Daniel Cassola

Mañana comienza el fin de semana largo de Semana Santa. Para las personas religiosas es una fiesta muy importante ya que el domingo se celebra la resurrección de Jesús. Con distintas variantes, el pueblo judío celebra pésaj, cuando se conmemora la partida de los judíos de Egipto.

En distintos puntos del mundo se celebra la Pascua con procesiones y costumbres diversas. Una de las más extendidas es el intercambio de huevos de chocolate. Como en el hemisferio norte es primavera, el huevo es un símbolo de fertilidad, que por lo tanto se ha adoptado como símbolo de la Pascua.

La idea para el fin de semana es acercarse a la familia y dejar de lado las diferencias. Uno de los objetivos de las fiestas, como esta, es justamente la reunión en paz entre seres queridos.

Habitualmente nos manejamos en la realidad siempre con antinomias. En los 90 éramos menemistas o anti menemistas, antes peronistas y radicales, después peronistas y antiperonistas. Ahora muchos dicen ser kirchneristas y muchos otros antikirchneristas.

Todos podemos seguir siendo lo que somos, pero durante un fin de semana nos podemos acercar y dejar esos rótulos a un costado.

En este sentido podemos interpretar las palabras que pronunció el Papa Francisco el pasado Domingo de Ramos. Dijo Francisco: “¿Quién soy yo? ¿Soy como Judas, el traidor?, ¿Cómo los soldados que se burlaban de Cristo? ¿Cómo Pilatos que se lavó las manos? ¿O soy como la Virgen María, que sufría el calvario de Jesús en silencio? ¿Cómo José que portó con amor el cuerpo de Jesús hasta la sepultura?”.

Luego agregó: “Que estas preguntas los acompañen durante toda la Semana Santa, pregúntense dónde está su corazón y a cuál de esas personas se parecen”.

Cada uno de nosotros sabe lo que es. Y, además, tenemos una idea sobre el otro. Pensemos en esto durante este feriado y que sirva para acercarnos en todo sentido.

Debemos construir un futuro en el que todos estemos más unidos, más cerca uno del otro. Tenemos ejemplos de sobra en los que las divisiones que poco a poco se profundizan terminan mal.

Son situaciones que todos podemos lamentar y que nunca queremos que se repitan. Por eso el domingo, rompamos los huevos (de Pascua) todos juntos.

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