El 10 por ciento de los bebés presenta algún problema intraútero.
La medicina permite además programar el nacimiento. En muchos casos ofrece soluciones para problemas leves o muy serios.
«El diagnóstico prenatal beneficia a todos: a los que tienen tratamiento y a los que no lo tienen». El neonatólogo Guillermo Ingrassia está convencido de que la medicina fetal _una disciplina con apenas una década de desarrollo en la Argentina pero un enorme crecimiento_ tiene mucho para ofrecer al bebé por nacer, y a su entorno familiar.
Saber antes es la clave, porque permite evitar o al menos minimizar el impacto de enfermedades, malformaciones o problemas intraútero que tendrán la chance de abordarse con más tiempo y más herramientas si se conocen anticipadamente. La medicina fetal no implica necesariamente que se tengan que hacer cirugías antes del nacimiento (eso casi nunca sucede), sino que permite un seguimiento preciso y la posibilidad de generar acciones médicas que cambien la historia de ese bebé por nacer.
El «feto como paciente» es un concepto que surgió con la ecografía hace 30 años a partir de que ese «otro» que crecía en el cuerpo materno se pudo ver.
Esta idea se fue perfeccionando de la mano de los avances de la ciencia y la medicina, al punto de que hoy existen en el mundo grupos de profesionales de distintas disciplinas que se dedican a la medicina fetal, un área que tienen al niño por nacer como protagonista y que era impensada antes de la creación del ecógrafo.
Ingrassia, que conduce junto a la neonatóloga Eliana Rodríguez el equipo de Medicina Fetal del Sanatorio de la Mujer, es uno de los médicos con mayor experiencia en nuestro medio en este campo y un convencido de los beneficios del diagnóstico prenatal, aún en los casos en los que no hay tratamiento posible, y que son los menos.
Las cifras indican que uno de cada diez fetos presenta algún tipo de problema en el útero materno. «Esto quiere decir que un 10% va a necesitar una mirada particular antes del nacimiento, que deberá ser estudiado y evaluado por distintos profesionales antes de nacer para obtener un diagnóstico certero y ofrecerle, en el caso de que sea posible, una terapia que revierta o mejore su situación», explica el médico.
Los problemas que puede presentar un feto son diversos y de distinta gravedad. Pero incluso para aquellos en los que no hay opciones terapéuticas también es importante el conocimiento anticipado, dice el neonatólogo: «Si va a nacer un niño con síndrome de Down, por ejemplo, estoy seguro de que es mejor saberlo previamente aunque luego no podamos cambiar su condición».
«No es lo mismo para la madre, para el padre, recibir esta noticia en el momento del parto que conocer la situación previamente. No sólo porque esa mamá, ese papá, esos hermanos podrán prepararse mejor durante muchos meses, sino porque la mitad de estos chicos nace con malformaciones cardíacas que necesitarán en algunos casos intervenciones apenas nacen y es muy importante estar preparados para ayudarlos».
Otra de las ventajas de la medicina fetal es que permite programar el nacimiento. Cómo, cuándo y dónde, será vital para muchos chicos.
La neonatóloga Ileana Rodríguez lo explica de este modo: «Si se detecta un problema cardíaco en el feto podemos determinar a través de las imágenes y otros recursos médicos de qué tipo de patología se trata, y en ese caso, elegir el mejor centro médico, el más especializado, para que ese niño nazca. También podremos evaluar junto al obstetra cuál es el mejor momento para el parto, en qué mes de la gestación conviene que suceda, si se puede llegar a término o no, en definitiva, programarlo todo en favor de la salud de ese recién nacido».
Pero ¿quién es el médico del feto? ¿El obstetra? ¿El neonatólogo? ¿El ecografista? Quien trata al feto, considerado ya como paciente, no es un profesional, explica Ingrassia, sino todo un equipo integrado por profesionales de diferentes áreas. «Durante mucho tiempo nos preguntábamos justamente de quién era el feto y lo cierto es que hoy sabemos claramente que debe ser abordado por un grupo humano conformado por especialistas que actuando de manera coordinada tienen la capacidad de decidir los posibles tratamientos o acciones para salvarle la vida o mejorar sus condiciones de vida una vez que nace».
La medicina fetal es un tipo de medicina que funciona en base a una concepción muy moderna y que es la transdisciplina: «No se trata de interdisciplina donde la futura madre anda de un médico a otro llevando los estudios y preguntando cuál es el próximo paso. La transdisciplina es un concepto que implica el trabajo en equipo de los médicos en el que cada especialista aportará desde su saber a la especialidad del otro y que de algún modo borra un poco las fronteras entre las disciplinas. De esta manera se ofrece contención a la madre y se logran mejores diagnósticos», dice Ingrassia.
Un equipo de Medicina Fetal está integrados por neonatólogos, obstetras, cirujanos, genetistas, ecografistas, psicólogos y sumarán a otros especialistas como cardiólogos, hematólogos, endocrinólogos en el caso de que además la salud materna esté en riesgo.
Los problemas de salud graves e irreversibles de un feto suelen ser los menos, pero hay un amplio abanico de trastornos o complicaciones que detectadas a tiempo evolucionan en forma favorable, y que de no detectarse antes pueden ser sinónimo de complicaciones de jerarquía. Entre ellos, los trastornos del crecimiento intraútero tienen cierta frecuencia. «En estos casos, gracias a la ecografía podemos detectarlos y de se modo establecer un monitoreo más intensivo, con una posible terapia materna», señala Rodríguez. «A veces sólo indicando a la madre reposo, tranquilidad y buena alimentación corregimos el defecto de crecimiento», agrega Ingrassia, destacando al importancia del conocimiento previo.
En los casos en los que ese crecimiento lento o detenido tiene que ver con problemas maternos (y no propios del feto por alguna patología) hay recursos clínicos y farmacológicos que pueden aportar para revertir el problema, señalaron los profesionales.
Los embarazos múltiples, que también conllevan riesgos, ameritan ser supervisados en conjunto para garantizar su evolución favorable. «Un embarazo de mellizos, más allá de ser una noticia simpática necesita un seguimiento especial. Sabemos que el 80% irá a cesárea y que un número similar requerirá posteriormente cuidados en neonatología con todo lo que ello implica. En estos casos, la ecografía doppler -que estudia el bienestar fetal- hace un aporte enorme y permite tomar decisiones respecto a anticipar o no el nacimiento en los casos en los que la evolución no es buena», detallan.
Los niños con trastornos renales son también otro grupo que permite un seguimiento y que gracias a un diagnóstico precoz tendrán mejores opciones terapéuticas o quirúrgicas.
«Como en la medicina del adulto, la medicina fetal no es solo la cirugía, o los métodos de diagnóstico, sino una especialidad que se nutre de otras, y permite ofrecer una esperanza mediante tratamientos que en los últimos años han permitido salvar la vida de miles de fetos que consiguieron nacer y en muchos casos tener una muy buena calidad de vida futura», destacó Ingrassia.
Fuente: Sin Mordaza









