Por Dr. Daniel Cassola
Esta semana se produjo gran revuelo en todo el mundo por un informe de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer sobre el consumo de embutidos y carnes rojas.
Si solo enunciamos que los chacinados y las carnes pueden asociarse al cáncer estaríamos levantando falsas alarmas. Por eso hay que poner la información en contexto, que es lo que nos proponemos hacer hoy.
En primer lugar hay establecidos 116 factores de cáncer por los organismos internacionales. El número uno es el cigarrillo, al cual se asocia no solo al cáncer de pulmón sino a múltiples enfermedades oncológicas.
Luego se encuentra una larga lista de factores relacionados con distintos trabajos. Algunas labores insalubres son la producción de aluminio, la industria del calzado, la fabricación de muebles, la minería y la producción de carbón.
En cuanto a lo que podríamos llamar factores relacionados con actividades recreativas se encuentran la utilización de camas solares y el consumo de bebidas alcohólicas.
La exposición a distintos tipos de radiación ultravioleta, a los gases que emiten los automóviles y a la polución del aire también son considerados cancerígenos.
Por último mencionamos que pueden ser factores de cáncer distintos virus, como los de las hepatitis B y C, o el del papiloma humano.
En estos días se llegó a decir que comer una picada provoca cáncer. Bajo esta óptica, lo mismo puede suceder si caminamos por la calle inhalando los gases de los autos y colectivos. O si alguien utilizó una vez una cama solar.
De la misma manera, las enfermedades laborales tardan años en manifestarse. Por eso no hay que alertar de más a la población.
Seguramente en base a estas informaciones sobre el proceso de la carne, las industrias deberán rever sus modos de producción para hacer que los productos sean más saludables.
Si todos los días ingerimos embutidos lo más probable es que antes que cáncer desarrollemos obesidad, hipertensión o diabetes.
Como siempre decimos para las comidas, la clave está en la moderación.









