Hace menos de dos semanas, la Tierra experimentó los días más calurosos de su historia moderna, y una ola de calor extrema continúa afectando al hemisferio norte.
Por Dr. Daniel Cassola
Las temperaturas han superado los 40°C en América del Norte, partes de Asia, el norte de África y el Mediterráneo durante varios días consecutivos esta semana. Estas olas de calor son cada vez más frecuentes y graves, multiplicándose por seis desde los años ochenta, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Los expertos señalan que las altas temperaturas récord en julio son el resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente provocadas por la quema de combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón. Además, las condiciones para el desarrollo del fenómeno de El Niño, que aumenta las temperaturas en el océano Pacífico y puede causar sequías e inundaciones, están presentes. Estos factores combinados explican el aumento de las temperaturas en 2023.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) está intensificando sus esfuerzos para reforzar las alertas tempranas y los planes de acción contra las olas de calor, ya que advierte que «el calor es un riesgo sanitario en rápido crecimiento». Hay tres factores principales que contribuyen a la frecuencia e intensidad de estas olas de calor:
Creciente urbanización: La expansión de áreas urbanas crea «islas de calor» y contribuye al aumento de las temperaturas locales.
Emisiones de gases de efecto invernadero: La actividad humana libera cantidades masivas de estos gases, atrapando el calor en la atmósfera y provocando el calentamiento global.
Cambios demográficos: Muchos países tienen poblaciones con una proporción creciente de personas mayores, quienes son más vulnerables al calor extremo.
Cientos de miles de personas mueren anualmente debido a causas prevenibles relacionadas con el calor. Las olas de calor de este año son alarmantes, pero no sorprendentes, ya que coinciden con las previsiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Esto sugiere que existe un mayor riesgo de que los 40°C sean parte de la normalidad en el futuro.
Es esencial ampliar la conciencia sobre los riesgos del calor extremo, ya que las personas vulnerables no están completamente conscientes del peligro que representa para su salud y bienestar. La OMM enfatiza que debemos prestar atención a las temperaturas mínimas, especialmente en lugares donde las máximas superan los 40°C y las noches también son cálidas, ya que esto puede afectar infraestructuras críticas durante las olas de calor.
Un estudio de la Universidad de Pensilvania alerta sobre los efectos del cambio climático en la intensidad, frecuencia y duración de fenómenos extremos como incendios forestales y olas de calor. Los investigadores proyectan un aumento significativo en estos eventos extremos si no se toman medidas adecuadas para mitigar el calentamiento global.









