La contaminación atmosférica está teniendo un impacto cada vez mayor en la salud humana, convirtiéndose en el segundo factor de riesgo de muerte a nivel mundial.
Por Dr. Daniel Cassola
Según la quinta edición del informe Estado del Aire Global, publicado por el Instituto de Efectos sobre la Salud, en 2021 la contaminación del aire fue responsable de 8,1 millones de muertes en todo el mundo, un aumento significativo respecto a los siete millones de muertes anuales estimadas en estudios anteriores.
El informe, elaborado por primera vez en colaboración con UNICEF, revela que los niños menores de cinco años son especialmente vulnerables a la contaminación del aire. Los efectos sobre la salud incluyen nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, asma y enfermedades pulmonares. En 2021, la exposición a la contaminación atmosférica estuvo relacionada con más de 700.000 muertes de niños menores de cinco años, convirtiéndola en el segundo factor de riesgo de muerte para este grupo de edad, después de la malnutrición. De estas muertes, 500.000 estaban relacionadas con la contaminación del aire en los hogares debido a la cocción en interiores con combustibles contaminantes, especialmente en África y Asia.
El nuevo informe ofrece un análisis detallado de los datos del estudio sobre la carga mundial de morbilidad de 2021, mostrando las graves repercusiones de contaminantes como las partículas finas en suspensión, la contaminación del aire doméstico, el ozono y el dióxido de nitrógeno en todo el mundo. Los datos de más de 200 países y territorios indican que casi todos los habitantes del planeta respiran diariamente niveles insalubres de contaminación atmosférica, con repercusiones significativas para la salud.
Más del 90% de las muertes por contaminación atmosférica en todo el mundo (7,8 millones de personas) se atribuyen a la contaminación por partículas finas en suspensión, tanto ambiental como doméstica. Estas diminutas partículas, que miden menos de 2,5 micrómetros de diámetro, pueden entrar en el torrente sanguíneo, afectando a muchos sistemas orgánicos y aumentando el riesgo de enfermedades no transmisibles en adultos, como cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, diabetes, cáncer de pulmón y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Según el informe, estas partículas son el indicador más consistente y preciso de mala salud en todo el mundo.
“El informe sobre el estado del aire en el mundo proporciona tanto información como inspiración para el cambio”, declaró Elena Craft, presidenta del Instituto de Efectos sobre la Salud. “La contaminación atmosférica tiene enormes implicaciones para la salud. Sabemos que mejorar la calidad del aire y la salud pública mundial es práctico y factible”.
La contaminación atmosférica por partículas finas en suspensión proviene de la quema de combustibles fósiles y biomasa en sectores como el transporte, los hogares, las centrales eléctricas de carbón, las actividades industriales y los incendios forestales. Estas emisiones no sólo afectan la salud de las personas, sino que también contribuyen a los gases de efecto invernadero que están calentando el planeta. Las poblaciones más vulnerables se ven afectadas de manera desproporcionada tanto por los riesgos climáticos como por el aire contaminado.
En 2021, la exposición prolongada al ozono contribuyó a unas 489.518 muertes en todo el mundo, incluidas 14.000 muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica relacionadas con el ozono en Estados Unidos, una cifra superior a la de otros países de renta alta.
A medida que el mundo sigue calentándose debido al cambio climático, las zonas con altos niveles de dióxido de nitrógeno pueden esperar niveles más altos de ozono, lo que traerá efectos aún mayores sobre la salud. Por primera vez, el informe de este año incluye los niveles de exposición al dióxido de nitrógeno y sus efectos sobre la salud, incluido el impacto de la exposición en el desarrollo del asma infantil. Los gases de escape del tráfico son una fuente importante de esta sustancia, lo que significa que las zonas urbanas densamente pobladas, sobre todo en los países de renta alta, suelen registrar los niveles más altos de exposición y de efectos sobre la salud.
“Este nuevo informe ofrece un duro recordatorio de las importantes repercusiones que tiene la contaminación atmosférica en la salud humana, con una carga excesiva para los niños pequeños, las poblaciones de mayor edad y los países de renta baja y media”, declaró Pallavi Pant, directora de Salud Mundial del Instituto, quien supervisó la publicación del documento. “Esto apunta claramente a una oportunidad para que las ciudades y los países consideren la calidad del aire y la contaminación atmosférica como factores de alto riesgo al desarrollar políticas sanitarias y otros programas de prevención y control de enfermedades no transmisibles.”
Los mayores efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud se observan en los niños. Los niños son especialmente vulnerables a la contaminación del aire, y los daños pueden comenzar en el útero, con efectos sobre la salud que pueden durar toda la vida. Los niños inhalan más aire por kilogramo de peso corporal y absorben más contaminantes que los adultos mientras sus pulmones, cuerpos y cerebros aún se están desarrollando.
La exposición de los niños pequeños a la contaminación atmosférica está relacionada con la neumonía, responsable de una de cada cinco muertes infantiles en el mundo, y con el asma, la enfermedad respiratoria crónica más frecuente en los niños mayores. Las desigualdades vinculadas al impacto de la contaminación atmosférica en la salud infantil son sorprendentes. La tasa de mortalidad relacionada con la contaminación del aire en niños menores de cinco años en África oriental, occidental, central y meridional es 100 veces superior a la de sus homólogos en países de renta alta.
“A pesar de los progresos en salud materna e infantil, cada día mueren casi 2000 niños menores de cinco años debido a los efectos sobre su salud de la contaminación atmosférica”, declaró Kitty van der Heijden, directora ejecutiva adjunta de UNICEF. “Nuestra inacción está teniendo profundos efectos en la próxima generación, con repercusiones en la salud y el bienestar para toda la vida. La urgencia mundial es innegable. Es imperativo que los gobiernos y las empresas tengan en cuenta estas estimaciones y los datos disponibles a nivel local y los utilicen para fundamentar acciones significativas y centradas en la infancia para reducir la contaminación atmosférica y proteger la salud de los niños.”









