La reciente detección de casos de gripe aviar en la localidad de Tres Isletas, Chaco, ha encendido las alarmas sanitarias en Argentina.
Por Dr. Daniel Cassola
Este brote, que afecta a gallinas, pavos y patos, fue confirmado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y se suma a una preocupante reactivación de la enfermedad en diversas regiones del mundo. La expansión del virus desde Estados Unidos hasta la Antártida obliga a mantener un estricto monitoreo epidemiológico para evitar su propagación.
Tras la confirmación del brote en Chaco, Senasa activó el protocolo sanitario correspondiente. Según explicó la bioquímica e investigadora del Conicet Daniela Hozbor, la acción inmediata incluyó la intervención en el predio afectado, el despoblamiento de aves y la aplicación de estrictas medidas de higiene y desinfección. Además, se solicitó a productores y comunidades en contacto con aves enfermas o muertas que extremen precauciones para evitar la diseminación del virus.
El virus H5N1 ha dejado de ser un problema exclusivo de las aves. En 2023, provocó la muerte de decenas de lobos marinos en la costa atlántica y la Patagonia, lo que obligó a restringir el acceso a algunas playas. Aunque la situación pareció estabilizarse hacia agosto de ese año, la reciente detección de nuevos casos vuelve a poner en jaque la tranquilidad epidemiológica.
La gripe aviar se transmite por vía oral, respiratoria y a través de secreciones o excreciones de animales infectados. Aunque, hasta el momento, no se ha registrado transmisión sostenida entre humanos, la posibilidad de mutaciones que faciliten este salto es una preocupación constante en la comunidad científica. Según Hozbor, «el potencial pandémico de este virus sigue siendo bajo, pero su evolución requiere de un monitoreo constante».
En este contexto, la decisión de Argentina y Estados Unidos de iniciar el proceso para abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS) genera incertidumbre. La salida de estos países de la organización podría impactar en la capacidad global de respuesta ante eventuales crisis sanitarias, al reducir la obligatoriedad de reportar brotes con potencial epidémico.
Desde su detección en China en 1996, la gripe aviar ha demostrado ser un patógeno altamente adaptable. En las últimas décadas, ha atravesado continentes y provocado la pérdida de millones de aves. En 2020, se observó un cambio en su epidemiología al comenzar a infectar mamíferos. Posteriormente, el virus se propagó a Europa, donde causó la matanza de más de 50 millones de aves, y luego a Estados Unidos, con cifras aún más elevadas. En 2022, llegó a Sudamérica y, finalmente, en 2024 alcanzó la Antártida.









