Un reciente estudio del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) pone en evidencia una preocupante realidad: los niños argentinos de entre 12 y 24 meses presentan carencias nutricionales significativas que pueden afectar su desarrollo físico y cognitivo.
Por Dr. Daniel Cassola
Entre los principales déficits detectados se encuentran la baja ingesta de hierro, la insuficiencia de Omega 3 y de las vitaminas D y B9 (ácido fólico), así como un aporte insuficiente de calcio. Esta situación está estrechamente ligada a la baja diversidad alimentaria y al escaso consumo de productos fortificados, particularmente en la categoría de lácteos.
Las causas detrás de estas deficiencias son múltiples y van desde el desconocimiento sobre una alimentación balanceada hasta dificultades económicas y problemas en la organización de las rutinas alimentarias familiares. Estas limitaciones en la dieta de los niños pequeños pueden tener efectos a largo plazo, afectando su desarrollo neurológico y su capacidad de aprendizaje, además de incrementar el riesgo de enfermedades en la adultez.
El director de CEPEA, el Prof. Sergio Britos, subrayó la importancia de analizar la realidad alimentaria a partir de datos científicos, con el fin de proponer intervenciones que mejoren los hábitos de alimentación en la infancia. Según los datos obtenidos, las principales deficiencias en la dieta de los niños incluyen la escasa presencia de alimentos ricos en Omega 3 y vitaminas esenciales, como el huevo, los lácteos, el pescado y los vegetales de hoja verde. Asimismo, el consumo insuficiente de fuentes de calcio, como lácteos y vegetales específicos, limita el adecuado desarrollo óseo. También se identificó una baja ingesta de hierro debido a la escasa presencia de carnes magras y legumbres en la alimentación cotidiana, lo que compromete el desarrollo cognitivo.
Otro factor preocupante es la reducida diversidad alimentaria, con una ingesta deficitaria de frutas, verduras y cereales integrales, lo que restringe el acceso a fibra, vitaminas y minerales esenciales. A esto se suma la frecuente inclusión de leche de vaca sin fortificar en la dieta de los niños mayores de un año, en detrimento de fórmulas infantiles que podrían equilibrar mejor los nutrientes necesarios para esta etapa del crecimiento.
Estos hallazgos surgen de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, cuyos datos continúan siendo analizados para extraer conclusiones valiosas. Britos enfatizó que la información científica debe ser utilizada para generar conciencia y fomentar mejores decisiones nutricionales, no solo en el hogar, sino también en ámbitos educativos y en el diseño de políticas públicas.
Ante este escenario, CEPEA propone diversas estrategias para optimizar la alimentación en la infancia, como incentivar la lactancia materna hasta los dos años, promover el consumo de frutas y verduras variadas, asegurar la ingesta de proteínas de calidad y reemplazar progresivamente los cereales refinados por sus versiones integrales. También destacan la importancia de reducir el consumo de azúcar y sal en los primeros años de vida, además de impulsar campañas de educación nutricional dirigidas a familias y cuidadores.









