La discriminación está enquistada en la sociedad argentina

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Por Dr. Daniel Cassola

Debe haber pocas situaciones más incómodas para un ser humano que sentirse discriminado por un prejuicio. Discriminar a alguien es humillarlo, y puede ser realizado desde la manera más violenta, como un golpe, hasta la más sutil, con una mirada despectiva. Los prejuicios son justamente eso, juicios que se realizan a priori, sin fundamentos y que suelen estar detrás de estas conductas. Por lo general quien discrimina pone en manifiesto su propia ignorancia.

Se puede discriminar de manera burda y absurda, como sucedió en el boliche Cerebro de Bariloche esta semana. Alumnos en viaje de egresados de la Sociedad Escolar y Deportiva Alemana (Sedalo) de Lanús se vistieron, en una fiesta disfraces, con bigotitos al estilo Hitler y pintaron esvásticas sobre su cuerpo para discriminar a chicos del colegio judío ORT, que asistían al mismo festejo.

Es un hecho de suma gravedad porque no se trata de niños sino de adolescentes que ya son prácticamente adultos que terminarán el secundario en un puñado de meses. ¿Cómo llega un estudiante de 17 o 18 años a hacer eso? ¿Tan ignorante es sobre lo que significó el holocausto y el nazismo? ¿Tan poco le importa el otro como para ofenderlo de la manera más cruel?

La discriminación se puede dar también de manera menos evidente, aunque no por ello menos violenta. En la salud se ve tal conducta desde tiempos inmemoriales. Desde la antigüedad que los enfermos de lepra eran apartados de la sociedad, solo como se hizo en manicomios y cárceles. Para ellos, el leprosario.

La lepra de la actualidad, en este sentido negativo, parece ser la psoriasis. Según un estudio auspiciado por el laboratorio Novartis, ocho de cada diez personas con psoriasis sufrieron discriminación y se sintieron humillados por su enfermedad. Por otra parte, el 40 por ciento de los encuestados reveló sentirse observado al estar en público y al 45 por ciento le habían preguntado al menos una vez si su padecimiento es contagioso. La validez de la muestra está dada por su amplitud: participaron más de 8 mil personas con psoriasis de distintos países (incluida la Argentina).

En otras patologías, como el VIH – Sida por ejemplo, la situación seguramente es similar. La discriminación es un problema más, como si fuera un síntoma adicional con el que los pacientes deben lidiar. No por nada desde hace décadas en Argentina la palabra “negro” se utiliza como un insulto.

Ya sea en adolescentes que se pintan esvásticas en el cuerpo, o en conductas inapropiadas que deben tolerar personas enfermas, la discriminación se manifiesta como un problema que atraviesa a la sociedad argentina. El día que discriminemos menos, si es que llega, seremos un pueblo más inteligente.

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