En Argentina, cada siete días muere un niño menor de cinco años por ahogamiento
Los ahogamientos continúan siendo una de las causas más silenciosas y evitables de muerte infantil en la Argentina. Según datos oficiales, en el país fallece en promedio un niño menor de cinco años por esta causa cada siete días.
Por Dr. Daniel Cassola
Frente a este escenario, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) lanzó una fuerte advertencia: los ahogamientos son prevenibles y la supervisión adulta constante es la herramienta más eficaz para salvar vidas. La SAP presentó un documento elaborado por su Comité de Prevención de Lesiones que analiza la magnitud del problema, identifica los principales factores de riesgo y ofrece recomendaciones concretas para reducir la mortalidad infantil por inmersión.
A nivel global, los ahogamientos representan la segunda causa de muerte por lesiones no intencionales y afectan de manera desproporcionada a la infancia: el 63% de los casos ocurre en menores de cinco años. Aunque la tasa mundial descendió en las últimas décadas, el problema sigue siendo alarmante. Solo en 2021 se registraron alrededor de 300.000 muertes por esta causa en el mundo. En la Argentina, los datos más recientes indican que en 2023 murieron 48 niños menores de cinco años por ahogamiento, una cifra que refleja la persistencia del riesgo.
Uno de los puntos centrales del documento es desmitificar la idea de que los ahogamientos ocurren únicamente en verano o en espacios recreativos. En los niños pequeños, especialmente en los menores de cinco años, la mayoría de los episodios sucede en el hogar o en sus inmediaciones. Bañeras, inodoros, baldes con agua, pozos sin tapar, canales, estanques e incluso bebederos para animales pueden convertirse en escenarios fatales. En los lactantes, la vulnerabilidad es aún mayor, ya que dependen por completo del cuidado de un adulto.
La SAP advierte que el ahogamiento infantil es rápido y silencioso, y que puede producirse con muy poca cantidad de agua. Por eso, insiste en la necesidad de una supervisión activa y permanente: un adulto atento, sin distracciones y a una distancia que permita intervenir de inmediato. El uso del celular, las conversaciones o cualquier otra distracción pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El informe también aborda los riesgos en la adolescencia, una etapa en la que los ahogamientos suelen ocurrir en ríos, lagos o el mar. En estos casos, influyen factores como la imprudencia, la subestimación del peligro, el consumo de alcohol o drogas, el desconocimiento del entorno y el uso de equipamiento inadecuado. Promover el autocuidado, el respeto por las normas de seguridad y la toma de decisiones responsables resulta clave para reducir estos episodios.
Aprender a nadar es una herramienta fundamental, pero no suficiente por sí sola. La SAP destaca la importancia de combinar habilidades acuáticas con conductas prudentes y una evaluación constante del entorno. Además, recomienda que padres, cuidadores y docentes realicen cursos de reanimación cardiopulmonar (RCP) y que estas capacitaciones se incorporen de manera sistemática en las escuelas.
Un capítulo central del documento está dedicado a la seguridad en piletas. Entre las medidas más eficaces se encuentran la instalación de cercos perimetrales completos, con puertas de cierre seguro; la eliminación de objetos que faciliten el acceso de los niños; el retiro de juguetes del agua cuando no se utiliza la pileta; el uso de superficies antideslizantes y el vaciado de piletas inflables o desmontables. La SAP también advierte que los flotadores y dispositivos inflables no homologados no deben considerarse elementos de seguridad.
Como mensaje final, la entidad pediátrica remarca una idea contundente: si se puede prevenir, no es un accidente. Los ahogamientos ocurren todo el año, afectan a todas las edades y pueden evitarse con medidas simples, planificación y compromiso.
