Por Redacción Curar con Opinión
En el marco del Día Internacional de la Epilepsia, especialistas recuerdan que se trata de una enfermedad neurológica crónica mucho más frecuente de lo que se cree y que, pese a los avances médicos, aún enfrenta importantes desafíos vinculados al diagnóstico oportuno y al estigma social.
La epilepsia se caracteriza por una predisposición persistente a presentar crisis epilépticas y puede generar consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en Europa afecta al 0,7% de la población, lo que equivale a unos seis millones de personas. Cada año se registran alrededor de 400.000 nuevos casos, mientras que a nivel mundial la incidencia se estima en 61,44 por cada 100.000 habitantes.
La enfermedad impacta también en la esperanza de vida, que puede reducirse entre dos y diez años, y presenta una mortalidad entre dos y tres veces mayor que la de la población general. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la epilepsia es la segunda enfermedad neurológica en años de vida perdidos o vividos con discapacidad, lo que refleja su elevada carga sanitaria y social.
En cuanto a los tratamientos, el abordaje farmacológico evolucionó de manera significativa a lo largo del último siglo. Hoy existe una amplia variedad de medicamentos que permiten personalizar las terapias y mejorar el control de las crisis. Gracias a estos avances, más del 70% de los pacientes logra un buen control de la enfermedad y, en algunos casos, la remisión completa. Sin embargo, cerca de un tercio presenta epilepsia farmacorresistente.
Para estos casos, la cirugía se consolidó como una alternativa eficaz. Apoyada en técnicas avanzadas de diagnóstico y monitoreo cerebral, permite reducir de forma significativa la frecuencia de las crisis. En España se realizan unas 300 cirugías por año, con tasas de éxito que oscilan entre el 55% y el 85%.









