El dengue ya no se toma descanso: el invierno enciende una nueva alerta sanitaria
Aunque el invierno suele marcar una pausa en la circulación del dengue, este año las autoridades sanitarias comenzaron a observar señales que obligan a mirar con atención los próximos meses.
Por Dr. Daniel Cassola
Un aumento inesperado de notificaciones de casos sospechosos durante junio, sumado a las previsiones de un posible fenómeno de El Niño, llevó al Ministerio de Salud de la Nación a reforzar las tareas de vigilancia y control del mosquito Aedes aegypti, con el objetivo de evitar una nueva temporada de alta transmisión.
La preocupación no surge por un incremento confirmado de contagios, sino por un conjunto de factores que podrían favorecer la persistencia del mosquito durante gran parte del año. A diferencia de temporadas anteriores, las temperaturas registradas en varias regiones del país y los pronósticos climáticos hacen prever un escenario más favorable para la supervivencia y reproducción del vector incluso durante los meses fríos.
Desde la cartera sanitaria explicaron que, si bien la temporada 2025-2026 se desarrolló con un bajo nivel de circulación de dengue, la presencia del mosquito en países limítrofes, el reciente brote de chikungunya registrado en el norte argentino y las condiciones asociadas a El Niño justifican intensificar las acciones preventivas antes de que comience la próxima temporada estival.
Los datos oficiales muestran que durante la temporada que acaba de finalizar se notificaron más de 27.000 casos sospechosos de dengue, aunque solo 69 fueron confirmados. En contraste, la fiebre chikungunya presentó un comportamiento muy diferente: se registraron 2.819 casos confirmados y probables, de los cuales más de la mitad correspondieron a transmisión local.
Sin embargo, a mediados de junio apareció un dato que modificó el escenario epidemiológico. Cuando la circulación viral parecía prácticamente detenida, el sistema nacional de vigilancia comenzó a recibir un aumento de notificaciones de casos sospechosos de dengue provenientes principalmente de Buenos Aires, Córdoba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán.
Las autoridades aclararon que parte de ese incremento podría responder a demoras en la carga de información, una situación habitual en los sistemas de vigilancia. Aun así, consideran indispensable profundizar la investigación de cada caso para confirmar o descartar la enfermedad y detectar rápidamente cualquier cambio en la circulación viral.
Por ese motivo, el Ministerio de Salud solicitó a las jurisdicciones reforzar los estudios diagnósticos, completar las segundas muestras cuando corresponda y mejorar la calidad de la vigilancia epidemiológica. La estrategia busca no solo confirmar los casos de dengue, sino también identificar oportunamente otros arbovirus que comparten el mismo vector, como chikungunya o Zika.
El componente climático explica buena parte de la preocupación. Las proyecciones indican que El Niño podría favorecer un aumento de las temperaturas y de las precipitaciones en amplias zonas del país, dos variables que crean condiciones ideales para el desarrollo del Aedes aegypti. Si este escenario se confirma, el mosquito podría mantener poblaciones activas durante más meses del año, acortando el período habitual de interrupción de la transmisión.
Los especialistas recuerdan que el mosquito necesita cantidades mínimas de agua para completar su ciclo biológico. Un recipiente olvidado con agua acumulada puede transformarse en un criadero en pocos días cuando las condiciones ambientales son favorables.
Macetas, floreros, baldes, neumáticos en desuso, botellas, bebederos de mascotas, canaletas, tanques sin tapa, recipientes para recolectar agua de lluvia, juguetes abandonados o pequeñas acumulaciones de agua en patios y balcones figuran entre los principales sitios donde las hembras depositan sus huevos.
Diversos estudios realizados por investigadores argentinos muestran que la mayoría de los criaderos se encuentra dentro de los domicilios particulares, lo que convierte a la participación de la comunidad en un elemento central para reducir la población del mosquito.
Al mismo tiempo, los especialistas destacan que existen ámbitos cuya limpieza depende de la intervención del Estado. Vehículos abandonados, depósitos de neumáticos, basurales a cielo abierto, obradores, cementerios, predios hospitalarios y establecimientos educativos representan focos potenciales que requieren controles permanentes por parte de municipios y provincias.
La experiencia reciente con chikungunya reforzó esa necesidad. Durante la última temporada, el virus provocó un brote importante que comenzó en Salta tras el ingreso de viajeros provenientes de Bolivia y posteriormente se extendió a Jujuy, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y la Ciudad de Buenos Aires.
El pico de transmisión se registró entre abril y mayo. En total, 188 personas requirieron internación, siete desarrollaron cuadros graves y dos fallecieron. La situación confirmó que el mosquito continúa presente y con capacidad para sostener brotes cuando las condiciones ambientales resultan favorables.
Dengue y chikungunya comparten el mismo vector y presentan síntomas similares, como fiebre, dolores musculares y articulares, cefalea, erupciones cutáneas, náuseas o vómitos. Por ese motivo, el diagnóstico mediante estudios de laboratorio resulta fundamental para diferenciar ambas enfermedades y orientar correctamente las acciones de vigilancia.
