Un reciente estudio del Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA) expuso serias deficiencias nutricionales en la dieta de niños y niñas argentinos de entre 1 y 2 años.
Por Dr. Daniel Cassola
Presentado durante la Semana de Congresos y Jornadas Nacionales de la Sociedad Argentina de Pediatría, el informe mostró que los pequeños en esta etapa de la vida no reciben los nutrientes esenciales que necesitan para un desarrollo óptimo.
El análisis, basado en datos de la 2a Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNYS), reveló que el 81% de los niños no alcanza la recomendación de ácidos grasos esenciales Omega 3; el 42% presenta déficit de vitamina D; el 34% carece de calcio adecuado, y el 27% sufre deficiencia de vitamina B9. Estas carencias nutricionales son especialmente graves entre los niños que han dejado la lactancia materna y consumen leche de vaca, cuya composición nutricional no cubre los requerimientos específicos para esta etapa.
Los primeros dos años de vida son esenciales para el crecimiento y el desarrollo cognitivo, inmunológico y físico de los niños, siendo la alimentación un factor clave en esta etapa. En el evento de la Sociedad Argentina de Pediatría, el profesor Sergio Britos, director de CEPEA, destacó la importancia de la alimentación complementaria, señalando que “a partir del primer año, los niños ya integran la mesa familiar y, en muchos casos, comienzan la escolarización, donde más de la mitad de ellos ya no recibe lactancia materna, a pesar de la recomendación de mantenerla hasta los 2 años”.
En la Guía de Práctica Clínica en Alimentación Complementaria, se sugiere priorizar la lactancia materna y las fórmulas infantiles frente a la leche de vaca, ya que esta última no contiene los niveles de nutrientes necesarios. La ENNYS, al evidenciar carencias en la alimentación complementaria, resalta la necesidad de asegurar una dieta balanceada para prevenir deficiencias nutricionales con consecuencias potenciales para la salud futura.
La investigación de CEPEA evaluó la ingesta total de energía y nutrientes de 2835 niños de entre 12 y 24 meses, centrando la atención en el consumo de leche humana, leche de vaca y fórmulas infantiles. De acuerdo con el análisis, los niños tienen un exceso en la ingesta de ciertos nutrientes, como la vitamina B12 (411% de adecuación), proteínas (342%), zinc (225%), vitamina A (199%) y vitamina B9 (115%). Sin embargo, presentan deficiencias en nutrientes críticos como la vitamina D (53% de adecuación), ácidos grasos omega 3 (73%) y hierro (96%).
Los porcentajes de niños que no alcanzan las recomendaciones nutricionales son alarmantes: el 81,2% no recibe suficientes omega 3, el 42,1% tiene insuficiencia de vitamina D, el 34,4% carece de calcio y el 26,7% no obtiene suficiente vitamina B9. Cuando se simula el reemplazo de leche de vaca por fórmulas infantiles, se observa una mejora significativa en la adecuación nutricional, de modo que solo la vitamina D continúa con un nivel de inadecuación promedio.
El estudio concluyó que el reemplazo de la leche de vaca por fórmulas infantiles podría reducir de manera estadísticamente significativa las deficiencias de omega 3, vitaminas B9 y D, y hierro. “A través de esta sustitución, las prevalencias de deficiencias en cuatro de los cinco nutrientes más deficitarios disminuirían en forma notable”, explicó Britos. Este cambio en la alimentación complementaria podría representar un impacto positivo tanto a nivel individual como en términos de salud pública.
Además, el componente lácteo de la dieta infantil representa cerca del 30% del aporte energético, de los cuales la mitad corresponde a leche de vaca. Esta, a menos que sea específicamente fortificada, no resulta un buen complemento para los nutrientes deficitarios, incrementando el riesgo de carencias.
Los especialistas de CEPEA recalcaron la importancia de mejorar la calidad de la alimentación complementaria y promover el uso de fórmulas infantiles en casos donde la lactancia materna ya no sea una opción. “Es fundamental que tanto el sector salud como la sociedad comprendan que la carencia de nutrientes en esta etapa no se manifiesta tempranamente, lo que dificulta su detección y puede tener efectos a largo plazo. Debemos tomar conciencia de este problema para trabajar en soluciones que fortalezcan la nutrición de los más chicos”, concluyó Britos.









