Argentina aún no ha logrado controlar la transmisión del Chagas

En el vasto escenario de la lucha contra enfermedades endémicas, Argentina emerge como un protagonista en una batalla que parece estar perdiendo.

Por Dr. Daniel Cassola

Mientras naciones vecinas como Paraguay, Chile, Uruguay y Brasil han logrado controlar la transmisión vectorial de la enfermedad de Chagas, Argentina se queda rezagada junto con Bolivia.

Esta es una de las conclusiones más desalentadoras expuestas en el documental «Chagas, orquesta invisible», dirigido por Lucas Martelli, que arroja luz sobre una realidad aún vigente en el país.

El Chagas, una enfermedad endémica transmitida principalmente por la picadura de la vinchuca, es una carga persistente para Argentina. A pesar de los esfuerzos, el país no ha logrado controlar la presencia del vector en los hogares y peridomicilios, contribuyendo así a la perpetuación de esta enfermedad debilitante.

Héctor Freilij, excoordinador del Programa Nacional de Chagas, destaca los requisitos establecidos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para alcanzar el control vectorial, subrayando la importancia de mantener los niveles de infestación por debajo del 1%.

Sin embargo, la realidad refleja una imagen desalentadora. Aunque algunas provincias argentinas han logrado certificar el control vectorial, la pandemia de COVID-19 ha desviado recursos y atención, poniendo en peligro los avances logrados.

Ricardo Hernández, quien estuvo al frente del Programa Nacional de Chagas, advierte sobre las consecuencias de descuidar la vigilancia y el control, señalando que «no vigilar es tirar todo el esfuerzo hecho en años».

El desafío se agrava al considerar la evolución de la enfermedad de rural a urbana. Jaime Altcheh, jefe de Parasitología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, destaca cómo la migración ha llevado a un aumento de casos en entornos urbanos, donde la transmisión vertical, de madre a hijo, es cada vez más frecuente. La falta de diagnóstico y tratamiento adecuados contribuye a la propagación de la enfermedad, especialmente entre los más jóvenes.

Pero la lucha contra el Chagas se ve obstaculizada no solo por desafíos médicos, sino también por barreras políticas y sociales. Freilij relata encuentros frustrantes con funcionarios que minimizan la importancia del problema, reflejando una falta de conciencia y compromiso a nivel gubernamental. La indiferencia, tanto de los pacientes como de los líderes políticos, perpetúa el ciclo de negligencia y apatía que impide el progreso en la erradicación de esta enfermedad.

En un escenario donde las estadísticas son ambiguas y la falta de datos confiables plantea interrogantes sobre la verdadera magnitud del problema, los expertos insisten en la urgencia de abordar el Chagas con seriedad y determinación.

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