Argentina ha logrado un reconocimiento destacado en América Latina por la manera en que encaró la incorporación de la vacuna contra el Virus Sincicial Respiratorio (VSR). La decisión de aplicarla durante el embarazo marcó un cambio de paradigma en las políticas de inmunización y ya muestra resultados alentadores en la reducción de casos graves de bronquiolitis y hospitalizaciones en recién nacidos.
Por Dr. Daniel Cassola
La experiencia nacional fue presentada recientemente en un encuentro internacional en Chile, organizado por instituciones como la Organización Panamericana de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Allí se convocó a distintos países para debatir los avances en la introducción temprana de programas de inmunización frente al VSR, una enfermedad que representa una de las principales amenazas respiratorias para los bebés menores de un año.
La estrategia argentina fue reconocida por el nivel de coordinación alcanzado entre las jurisdicciones, el sistema de salud y los equipos técnicos. Según lo informado en el panel, durante 2025 se aplicaron más de 178.000 dosis de la vacuna a mujeres embarazadas, alcanzando al 65% de la población objetivo.
Los primeros indicadores son contundentes: se registró una disminución del 62% en hospitalizaciones vinculadas al VSR y una caída del 70% en ingresos a unidades de terapia intensiva entre bebés de menos de seis meses. Estos números reflejan no solo la efectividad de la vacuna, sino también la capacidad del sistema de salud para implementar un plan de tal magnitud en poco tiempo.
Un aspecto central fue la creación de mecanismos de registro eficientes que permitieron identificar a las embarazadas candidatas a recibir la inmunización, organizar turnos y garantizar un seguimiento en tiempo real. El Sistema Nacional de Registro de Dosis Aplicadas resultó esencial para monitorear la campaña y aportar transparencia y datos precisos a nivel nacional.
Otro de los puntos valorados en la presentación argentina fue la solidez de los sistemas de vigilancia epidemiológica. Garantizar la seguridad de las vacunas aplicadas es un requisito indispensable para mantener la confianza de la población y respaldar la continuidad de la estrategia. En este sentido, se destacó el trabajo de los equipos encargados de monitorear eventos adversos y de responder con rapidez a cualquier situación que pudiera generar dudas en la comunidad.
El compromiso de los profesionales de la salud también se señaló como un factor determinante. Médicos, enfermeros y agentes comunitarios han desempeñado un rol activo en la promoción de la campaña, en la sensibilización de las familias y en la construcción de un mensaje claro sobre los beneficios de la inmunización en el embarazo.
A pesar de los avances, los especialistas coinciden en que el éxito de esta política dependerá de mantener un alto nivel de cobertura y de reforzar la capacitación de los equipos sanitarios. Entre los desafíos identificados se encuentra la necesidad de profundizar el trabajo interdisciplinario para llegar a más mujeres con información accesible y confiable, y así reducir barreras culturales o de desinformación que puedan limitar la aceptación de la vacuna.
Al mismo tiempo, se proyecta ampliar las estrategias de prevención con medidas complementarias. Una de ellas es la aplicación de nirsevimab en bebés prematuros con alto riesgo, especialmente aquellos con menos de 32 semanas de gestación, bajo peso al nacer o condiciones cardíacas congénitas. Para este grupo se prevé la adquisición de casi 2.800 dosis de cara a la temporada invernal de 2026, lo que permitirá ofrecer una protección específica a una población particularmente vulnerable.
El VSR es responsable de una gran parte de las infecciones respiratorias agudas en la infancia temprana y constituye una de las principales causas de mortalidad infantil a nivel mundial. La incorporación de la vacuna al calendario oficial en 2024 fue un paso decisivo para reducir estas cifras en Argentina, y los resultados preliminares confirman el impacto positivo de la medida.
Más allá de los beneficios clínicos, la reducción de hospitalizaciones también implica un alivio para el sistema de salud, que cada invierno enfrenta una alta demanda de camas pediátricas. A su vez, disminuye la carga emocional y económica para las familias, que muchas veces deben afrontar internaciones prolongadas por complicaciones respiratorias en los primeros meses de vida.









