La desnutrición infantil, una hipoteca para toda la vida

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Por Dr. Daniel Cassola

Un nuevo estudio del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) indaga sobre la magnitud del problema de la desnutrición infantil en Argentina, un problema más extendido de lo que cualquiera podría desear.

Algunos números resultan preocupantes. En 2010, la desnutrición causó la muerte de 1321 chicos. Según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, hay muchos signos de las deficiencias alimentarias en los más chicos.

El 7 por ciento de los bebés nace con un peso inferior a los dos kilos y medio, el 2,3 por ciento de los que tienen entre 6 y 59 meses presentan bajo peso para su edad, el 1,2 por ciento bajo peso para su altura y el 8,2 por ciento baja altura para su edad. Además, el 17 por ciento presenta anemia.

Según concluye el CESNI, el fenómeno de la desnutrición resulta oneroso para el conjunto de la sociedad. Porque los trabajadores ganan menos, los chicos repiten en el colegio y deben concurrir más al hospital, se calcula que la deficiencia alimentaria ocasiona pérdidas de 2338 millones de dólares.

“La desnutrición hace que la sociedad use parte de sus recursos en estos chicos que se enferman y repiten más -explica Marisa Espagnol, master en economía aplicada y coautora del trabajo, que también firma Esteban Carmuega, director de Cesni-. Pero también se ve afectada porque impacta en la cantidad y calidad de trabajadores que posee. Si un niño está desnutrido antes de los 5 años no sólo va a tener dificultades en ese momento, también las habrá cuando quiera estudiar y cuando quiera trabajar para que él y su familia puedan vivir dignamente.”

Según explica Espagnol, sólo se pudieron estimar efectos y costos de cuatro formas de desnutrición; de los chicos que nacen con menos de 2.5 kg, de los menores de cinco que pesan menos de lo deberían pesar para su edad, de los que no llegaron a ser tan altos como podrían ser, y de los chicos y embarazadas que tenían anemia por no ingerir suficientes alimentos con hierro.

“Evitar la desnutrición infantil no es un gasto -destaca la investigadora-. Podemos desarrollar buenos programas de educación, pero si los chicos llegan a la escuela con dificultades para aprender, parte de esa inversión no se aprovechará. Es necesario invertir en programas que después van a potenciar la inversión en educación y en empleo. Como sociedad debemos tener claro que los efectos y los costos de esta situación nos afectan a todos ya que ponen un freno a las posibilidades que tiene un país para crecer y vivir mejor.”

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