Aumentaron las muertes por infartos porque los pacientes “llegan tarde”


El estudio internacional Stent Save a Life, que se coordina con treinta clínicas argentinas, midió que los casos de infarto en el hospital que culminan en la muerte aumentaron del 6,4 por ciento al 10,6 por ciento. La explicación más simple es que los pacientes demoran más en acudir por ayuda debido a las restricciones e incomodidades de la pandemia.

Por Dr. Daniel Cassola

La pandemia no solo degradó la vida social y la economía sino que también tuvo el mismo efecto en toda la salud de la población. Menos controles, menos diagnósticos, menos consultas equivales a cuadros más complejos, más enfermedad y, por consiguiente, más casos fatales. Esto es lo que sucede, según la medición que comentamos, con los infartos desde el año pasado.

La mortalidad en centros que realizan angioplastias coronarias las 24 horas aumentó en 2020 un 65 por ciento con respecto a lo que se registraba previamente a la pandemia. Para este año que corre las previsiones son similares. “No me atrevo a dar un número, pero deberíamos tener la misma cifra porque tenemos las mismas condiciones de trabajo: estamos viendo pacientes que llegan tarde”, aseguró José Alvarez, miembro del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI). “Estamos viendo infartos que no se veían hace 30 años o más, cuando era mucho menor la conciencia en la población sobre los signos que preanuncian un episodio coronario”, agregó Alvarez.

Otro trabajo de investigadores argentinos, publicado en la revista Medicina, sostuvo que el inferior control de los factores de riesgo cardiovascular propiciados por la cuarentena podría producir hasta 10.500 nuevos casos prevenibles de enfermedad cardiovascular y entre 6 mil y 9 mil muertes evitables. Si bien la situación actual no es exactamente igual a la del año pasado, los pacientes siguen llegando tarde a las consultas y el abordaje de cuadros coronarios avanzados y desatendidos atenta contra el éxito de los tratamientos.

“Es notoria la merma de pacientes incluso en los consultorios, donde se observa una franca disminución: las restricciones impuestas a la circulación en transporte público, el miedo al contagio, la falsa creencia de que los centros médicos atienden solo urgencias, hacen que mucha gente siga postergando los controles y la realización de estudios preventivos. Todo ello contribuye a demorar los diagnósticos o, directamente, enfrentarnos con el problema ante la ocurrencia de un episodio cardiovascular”, enumeró Martín Cisneros, cardioangiólogo intervencionista, vicepresidente del CACI.

La muerte no es la única posible consecuencia de un episodio cardíaco, ya que en muchos casos, incluso a pesar de las demoras en la atención, la vida del paciente puede ser salvada, pero el costo que se paga resulta altísimo. “No significa que estemos en contra de las medidas de prevención para evitar el contagio por Covid-19, pero las cifras grafican el nivel de gravedad de desatender o minimizar este conjunto de afecciones y la importancia de evitar la mortalidad y también las secuelas, porque muchas veces los pacientes no fallecen, pero quedan con discapacidades que afectarán su calidad de vida para siempre, como por ejemplo insuficiencia cardíaca o arritmias”, aseguró Diego Grinfeld, Presidente del CACI.

Por último, según estadísticas surgidas de dos investigaciones clínicas (Regisbar y Prisma), el 90 por ciento de los fallecimientos por infarto se dan en personas que no recibieron atención hospitalaria. Un infarto no es algo irreversible e intratable sino que, siempre que sea en tiempo y forma, se puede lograr una recuperación exitosa. “Deberá modificar algunos hábitos por otros más saludables y adherir a los tratamientos que su médico le indique”, agregó Cisneros. Lo primero que hay que hacer es mantener las consultas periódicas con los especialistas y, ante el menor síntoma, acudir a la guardia.

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