Por Redacción Curar con Opinión
Cada mayo se conmemora el Mes Mundial del Cáncer de Vejiga, una oportunidad clave para visibilizar una enfermedad que, aunque silenciosa, impacta de manera significativa en la salud pública. En Argentina, se detectan aproximadamente 3.800 nuevos diagnósticos anuales, mientras que las muertes por esta causa ascendieron a 1.319 en 2023, según datos oficiales. La Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC) advierte que se trata del quinto tipo de cáncer más frecuente en varones y subraya la importancia de conocer sus factores de riesgo y síntomas para fomentar un diagnóstico temprano.
El Dr. Carlos Silva, director médico de LALCEC, explicó que el cáncer de vejiga presenta una prevalencia marcadamente mayor en hombres, situación atribuida en parte al tabaquismo y a la exposición a sustancias químicas en ámbitos laborales. En cuanto a los signos de alerta, se destaca la hematuria indolora —presencia de sangre en la orina sin dolor— como el síntoma más característico. Este puede aparecer una sola vez y desaparecer, lo que muchas veces lleva a subestimarlo. Otros síntomas incluyen infecciones urinarias recurrentes, dolor o ardor al orinar, urgencia urinaria y molestias persistentes en la parte baja de la espalda o la pelvis.
Silva remarcó que, a diferencia de otros tipos de cáncer como el de mama o colon, no existe un programa de tamizaje poblacional para el cáncer de vejiga. Por esta razón, la detección precoz depende en gran medida de la vigilancia médica y del nivel de información de la población. En este contexto, cualquier síntoma urinario persistente debe motivar una consulta médica oportuna, que podría resultar clave para iniciar un tratamiento eficaz.
Uno de los factores de riesgo más relevantes es el tabaquismo. Se estima que el 50% de los casos de cáncer de vejiga están vinculados con el consumo de cigarrillos. Las sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco son eliminadas por la orina, exponiendo directamente a la vejiga a estos agentes nocivos. Además, se identifican otros riesgos como la exposición ocupacional a derivados del petróleo, pinturas o metales pesados, así como el consumo de agua con arsénico, aún presente en ciertas regiones del país.
En cuanto al tratamiento, las opciones incluyen cirugía, quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas. Aunque los avances médicos han permitido nuevas alternativas terapéuticas incluso en estadios avanzados, el pronóstico más favorable se alcanza cuando la enfermedad es detectada tempranamente. Desde LALCEC insisten en romper el silencio que rodea a esta patología, promoviendo la información como herramienta fundamental para la prevención y el cuidado de la salud.









