En la Argentina se diagnostican cada año más de 130.000 nuevos casos de cáncer, una cifra que ubica al país entre los de incidencia medio-alta a nivel mundial y en el quinto lugar de América Latina. Sin embargo, detrás de ese número hay un dato clave que vuelve a cobrar relevancia en el Día Mundial del Cáncer: cerca del 40% de los casos podrían prevenirse si se modificaran factores de riesgo conocidos y se fortaleciera la detección temprana.
Por Dr. Daniel Cassola
El tabaquismo, la mala alimentación, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol continúan siendo responsables de una proporción significativa de los diagnósticos. A estos factores se suma la falta de controles médicos regulares, que suele retrasar la detección de tumores en etapas iniciales. La evidencia muestra que cuando el cáncer se identifica a tiempo, el tratamiento es menos complejo y las probabilidades de éxito aumentan de forma considerable, con tasas de curación que en algunos tipos alcanzan hasta el 90%.
“Cuando el cáncer se detecta en estadios tempranos, el abordaje suele ser más simple, mejor tolerado y más efectivo”, explica el doctor Claudio Martin, presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica. “No es lo mismo tratar una lesión pequeña que una enfermedad avanzada. Llegar temprano marca una diferencia decisiva en la evolución y en las opciones terapéuticas disponibles”, agrega.
Las estadísticas oficiales indican que casi la mitad de los diagnósticos oncológicos del país se concentran en cuatro tipos de tumores. En las mujeres, el cáncer de mama encabeza la lista con más de 22.000 casos anuales, seguido por el cáncer de colon. En los hombres, el cáncer de próstata es el más frecuente, mientras que el de pulmón mantiene una elevada incidencia en ambos sexos.
Pese a su alta prevalencia, muchos de estos tumores cuentan con herramientas eficaces para su detección precoz. El cáncer colorrectal es uno de los ejemplos más claros: estudios como la colonoscopía o el test de sangre oculta en materia fecal permiten identificar pólipos y lesiones iniciales antes de que evolucionen a cuadros más graves. En estos escenarios, las posibilidades de prevención o curación son muy elevadas.
En paralelo, el tratamiento del cáncer experimentó una transformación profunda en los últimos años. El desarrollo de terapias más específicas, como la inmunoterapia, permitió avanzar hacia abordajes personalizados que actúan de manera más directa sobre el tumor y reducen el impacto sobre los tejidos sanos. Estos avances no solo extendieron la sobrevida, sino que también mejoraron la calidad de vida de los pacientes durante el tratamiento.
El estilo de vida de la población argentina juega un rol central en este escenario. Según reportes regionales, el país presenta uno de los porcentajes más altos de casos de cáncer asociados a la obesidad y una incidencia relevante vinculada al consumo de alcohol. Además, cerca del 8% de los tumores se relaciona con infecciones como el virus del papiloma humano o la hepatitis B, ambas prevenibles mediante vacunas incluidas en el Calendario Nacional.
Las proyecciones hacia el futuro refuerzan la importancia de actuar a tiempo. Si no se modifican las conductas actuales, la incidencia del cáncer en la Argentina podría aumentar más de un 50% hacia 2035. Frente a este panorama, los especialistas coinciden en que la clave no es esperar la aparición de síntomas, ya que en sus etapas iniciales la mayoría de los tumores no provoca dolor ni señales evidentes.









