Contra entornos que generen obesidad

Por Dr. Daniel Cassola

El sobrepeso y la obesidad constituyen el sexto factor principal de riesgo de muerte en el mundo y cada año fallecen cerca de 3,4 millones de adultos como consecuencia de las mismas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 1.900 millones de adultos tienen exceso de peso, y entre ellos más de 600 millones obesidad. En el caso de los niños y niñas, estiman que 42 millones tienen sobrepeso u obesidad.

En Argentina, datos de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo alertan que más de la mitad de la población adulta (53.4%) tiene exceso de peso en algún grado; 4 de cada 10 adultos tiene sobrepeso y 2 de cada 10 obesidad. En niños y niñas en edad escolar 1 de cada 3 tiene sobrepeso y el 5,9 por ciento presenta obesidad, según la Encuesta Mundial de Salud Escolar de 2012.

La obesidad puede prevenirse de tres maneras. Dos de ellas son harto conocidas y cualquiera de nosotros puede deducirlas. Se trata de promover la alimentación saludable y el aumento de la actividad física. La tercera cuestión es el entorno, el medio ambiente. Si estamos permanente incitados al consumo de alimentos que no son saludables es probable que los índices de obesidad se disparen. Lo mismo sucede si los alimentos no saludables son mucho más baratos que los otros.

Paulatinamente Argentina ha adoptado medidas para modificar ese entorno generador de obesidad. En esa línea se inscriben algunos programas públicos como “Menos Sal Más Vida”, la ley de Reducción del Consumo de Sodio reglamentada en enero de este año y la Iniciativa Argentina Libre de Grasas Trans que modificó el Código Alimentario Nacional.

Según informó la coordinadora del Programa Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad del Ministerio de Salud de la Nación, Verónica Risso Patrón, en un congreso realizado en Chile el siguiente paso tiene que ver con la implementación en el país de un etiquetado frontal de alimentos y en la regulación de la publicidad de alimentos no saludables.

En definitiva en este aspecto la lucha contra la obesidad no debería ser diferente a lo que sucedió con el tabaco. Si las publicidades nos muestran chicos delgados y felices ingiriendo alimentos no saludables, el mensaje es muy similar a los y las jóvenes sensuales que durante todo el siglo XX fumaron en pantallas de televisión, cine y avisos gráficos.

Risso Patrón también destacó que “la obesidad y el sobrepeso son una epidemia mundial, en Argentina observamos una tendencia en crecimiento principalmente en los sectores más vulnerables, donde se observa una doble carga de enfermedad que combina obesidad con malnutrición, especialmente en la niñez por ello es donde estamos focalizando nuestros esfuerzos”. La coordinadora agregó que “tenemos mucho trabajo por delante para fortalecer la educación sobre el tema e implementar políticas públicas que modifiquen los entornos y faciliten la adopción de hábitos saludables por parte de la población. Los entornos escolares serán nuestra prioridad”.

La alimentación, para ser saludable, así como sucedió con los mensajes que circulaban con respecto al tabaco, requiere de un cambio cultural.

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