Crearon una “heladera social” para compartir la comida en vez de tirarla

Original iniciativa de tres locales gastronómicos. Está en pleno centro de Tucumán. Allí se guardan alimentos para que los lleve alguien que los necesita.

“Nos sorprendió la trascendencia que tuvo la idea. Lleva apenas lleva una semana y mucha gente nos habló para poder dejar sus alimentos”, cuenta Fernando Ríos, uno de los ideólogos de la primera “heladera social”, que se instaló en una calle céntrica de Tucumán. Allí todos los días cargan los platos que fueron elaborados el día anterior y no fueron consumidos, para que se los lleve quien los necesita.

Ríos lleva adelante la iniciativa con Luis Pondal y Daniela Viñas. Juntos administran 3 locales gastronómicos: la verdulería y restorán vegetariano Muña Muña; el centro cultural El árbol de Galeano y la histórica fonda Plaza de Almas.

¿Cómo nació la idea? Al final de cada día, sobraba comida en los locales y “la comíamos nosotros y nuestro personal, pero aún así quedaba mucho y se tiraba”. Eso les despertó la inquietud de cómo canalizar hacia los más necesitados estos alimentos. Hace un mes, vieron una imagen –tristemente cotidiana– que aceleró los tiempos: un nene era introducido por su padre dentro de un contenedor de basura para buscar de comida.

Su abogado les advirtió que existe un vacío legal en los casos de donación de alimentos. Esto no los amilanó: pusieron manos a la obra y la heladera cumplió ayer una semana de vida brindando servicios al que necesite comida.

Los locales se ubican en la zona céntrica de la capital tucumana a muy pocas cuadras de la plaza Independencia y son reconocidos ambientes de la movida cultural y la juventud cada fin de semana. La presencia del refrigerador fue una revolución en la cuadra, llena de edificios. Y los vecinos les preguntaron cómo ayudar. Desde el negocio, pese al recelo inicial, se decidió aceptar alimentos con la condición de que llegaran en condiciones de cuidado e higiene, rotulados con la fecha de elaboración y empaquetados en porciones individuales. Y empezaron a darse pequeños gestos, como el de una vecina que compró verduras en el negocio, salió y las dejó en la heladera.

“Nosotros preparamos raciones, nunca usamos los restos de comida. Por ejemplo, una pareja pide un pizza, quedan tres porciones que nadie tocó, las preparamos convenientemente y van a parar a la heladera. Así como con las empanadas que sobran de algún pedido. Lo mismo pasa con las sugerencias del día, que no se consumen en su totalidad y las disponemos como raciones y van a la heladera”, dice Ríos. Y aclara: la comida que se deja no ha sido tocada por ningún cliente y solo fue manipulada durante su preparación en la cocina.

Una panadería y una empresa de catering quieren sumar sus alimentos a la heladera social. Y el proyeto podría extenderse a otras provincias: sus impulsores fueron contactados desde Jujuy, Salta y Tandil por interesados en replicarlo.

La heladera, que funciona desde las 9 y hasta el cierre del negocio, está ubicada en la calle Rivadavia al 400, en una puerta de servicio junto a la entrada principal de Muña Muña. Desde el interior del local, ni personal ni los clientes pueden ver quién retira los alimentos. “Esto lo hicimos para que nadie se sienta observado ni tenga que sortear las miradas de nadie cuando retira los alimentos”, cuenta Ríos. Y concluye: “Queremos que la gente entienda que estos son gestos solidarios y que parte de lo nuestro le puede servir a otros”.

Fuente: Clarín

.

También te puede interesar...