¿Deben sufrir los jubilados el ajuste?

Por Dr. Daniel Cassola

Diciembre en Argentina siempre es un mes con conflictos, polémicas, movilizaciones. Por ahora el debate sobre la reforma previsional se lleva todas las luces. El Gobierno intentará tratarla mañana en el Congreso. La otra alternativa era el 19 y 20 de diciembre, la próxima semana, fechas cargadas de recuerdos que quizás se quieran evitar.

En principio si las modificaciones se aprueban la fórmula según la cual se calcula el haber jubilatorio se simplifica. Básicamente pasaría a componerse de un cálculo que pondera al salario mínimo como el 30 por ciento de los aumentos y a la inflación como el 70. En la actualidad rigen otros factores como el nivel de recaudación de la Anses, entre otros.

Uno de los argumentos del Gobierno es que en la actualidad el INDEC no miente la inflación, por lo que el índice puede ser más confiable para determinar los haberes jubilatorios.

Ahora bien, según lo propuesto los jubilados tendrían un 2018 duro. Y según los mismos cálculos oficialistas las jubilaciones recién recuperarían el poder adquisitivo que tenían en septiembre de 2015 (último aumento del kirchnerismo) en diciembre de 2019. Técnicamente se ha denominado como “empalme” a la brecha que se va a originar por el cambio de sistema.

En números concretos el “empalme”, por ejemplo, significaría un recorte de 467 pesos a los jubilados que cobran la mínima en marzo próximo. Hoy ese haber está en 7246 pesos. Con la fórmula vigente en marzo debería llegar 8116 pesos. Si se aprueba la reforma que impulsa el Gobierno serán 7659 los pesos que cobren los jubilados en marzo.

A diferencia del sistema actual en el que rigen dos aumentos por año (marzo y septiembre) en el nuevo esquema se proponen subas trimestrales (marzo, junio, septiembre y diciembre). O sea que en junio de 2018 los jubilados recibirían algo de lo que perderían en marzo.

En conclusión, según los cambios que se proponen los jubilados serán un poco más pobres en el corto plazo, igualarán su situación en el mediano plazo y en el largo plazo, sinceramente, nadie puede asegurar qué puede suceder. Al economista John Maynard Keynes, uno de los más influyentes del siglo XX, se le atribuye la frase que dice que “en el largo plazo todos estamos muertos”.

La posibilidad de que el plan del Gobierno se apruebe abre una serie de interrogantes. ¿Deberían los jubilados poner la espalda si lo que se necesita es controlar el déficit fiscal? ¿La actual reforma no contradice el camino iniciada por la llamada “reparación histórica” que el Gobierno implementó durante el primer año de su mandato?

No es nuestra tarea dar todas las respuestas pero sí plantear las inquietudes que genera una reforma que, en principio, afectaría el bolsillo de los jubilados.

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