Dengue en invierno: por qué el frío no elimina el riesgo y la prevención debe mantenerse todo el año

El dengue suele asociarse con el verano, las altas temperaturas y la proliferación de mosquitos. Sin embargo, la llegada del invierno no significa que el riesgo desaparezca.

Por Dr. Daniel Cassola

Aunque el frío reduce la actividad del Aedes aegypti, sus huevos pueden sobrevivir durante meses y convertirse en el punto de partida de nuevos brotes cuando regresan el calor y las lluvias. Esta capacidad de resistencia explica por qué los especialistas recomiendan sostener las medidas de prevención durante todo el año. El mosquito deposita sus huevos en las paredes de recipientes capaces de acumular pequeñas cantidades de agua, como baldes, macetas, canaletas, bebederos de animales, neumáticos y diferentes objetos abandonados en patios, balcones y jardines.

Cuando el agua desaparece, los huevos no necesariamente mueren. Pueden permanecer adheridos a las superficies durante meses y completar su desarrollo cuando vuelven a encontrar condiciones adecuadas de temperatura y humedad. Por eso, eliminar recipientes y limpiar aquellos que deben permanecer en uso durante el invierno permite reducir la cantidad de mosquitos que podrían emerger en los meses siguientes.

Un problema que amplió sus fronteras

El dengue representa actualmente un desafío sanitario de enorme magnitud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 5.600 millones de personas viven en zonas donde existe riesgo de contraer la enfermedad y cada año se producen entre 100 y 400 millones de infecciones.

En los últimos años, además, su comportamiento epidemiológico comenzó a modificarse. El aumento de las temperaturas promedio, los cambios en los patrones de precipitaciones, la urbanización y la mayor movilidad de las personas favorecieron la expansión del mosquito y la circulación del virus entre diferentes regiones.

El resultado es un escenario en el que los brotes pueden ser más frecuentes y extensos. Las condiciones ambientales favorables permiten que el vector encuentre nuevos territorios donde reproducirse, mientras que los viajes nacionales e internacionales facilitan el traslado del virus entre zonas distantes.

Aunque durante el invierno la presencia de mosquitos adultos disminuye considerablemente en las regiones más frías, ese descenso no debería interpretarse como el final del problema. Precisamente, los meses de menor circulación ofrecen una oportunidad para reducir anticipadamente los criaderos.

El descacharrado también importa en invierno

La principal medida doméstica consiste en impedir que los objetos acumulen agua. Se recomienda vaciar, dar vuelta o eliminar recipientes que no sean necesarios, limpiar periódicamente canaletas y desagües y renovar con frecuencia el agua de los bebederos de animales.

También es importante revisar espacios menos visibles. Un recipiente pequeño olvidado en un patio puede transformarse en un criadero cuando regresen las lluvias.

La prevención anticipada resulta especialmente relevante porque esperar hasta observar una gran cantidad de mosquitos o detectar los primeros contagios implica actuar cuando el ciclo de reproducción ya se encuentra en marcha.

El control sostenido durante los meses fríos busca, justamente, disminuir la cantidad de huevos disponibles para eclosionar con el aumento de las temperaturas.

Cuáles son los síntomas del dengue

La enfermedad puede provocar fiebre alta, dolor intenso de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y erupciones cutáneas.

Ante la aparición de síntomas compatibles es importante consultar a un profesional, particularmente cuando existe antecedente de viaje a una zona con circulación del virus o se registran contagios en el lugar de residencia.

También se recomienda evitar la automedicación con aspirina, ibuprofeno y otros antiinflamatorios, debido a que pueden incrementar el riesgo de complicaciones hemorrágicas.

La mayoría de las personas atraviesa la infección favorablemente mediante una adecuada hidratación, controles y seguimiento. Sin embargo, algunos pacientes pueden desarrollar cuadros graves. El riesgo requiere especial atención en adultos mayores, embarazadas, personas con enfermedades crónicas y quienes atraviesan una segunda infección por un serotipo diferente.

La consulta médica temprana permite evaluar la evolución e identificar signos de alarma antes de que aparezcan complicaciones.

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