Día de los Enamorados: ¿Qué es el síntoma del “corazón roto”?

Según la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) las emociones extremas pueden ser factores de un infarto.

Por Dr. Daniel Cassola

Los cardiólogos reciben en sus consultorios distintos tipos de casos en los que se presentan afecciones cardíacas. La tristeza, el estrés y otras emociones negativas intensas pueden derivar en un cuadro de este tipo. Por este motivo, el Día de San Valentín es una buena oportunidad para hablar de este tema. Sobre todo, porque hay pacientes que han tenido un infarto y no lo saben. Para ello repasamos un testimonio difundido por la SAC con motivo de este día.

“Blanca, de 55 años, llegó a mi consultorio después de 2 años de estar muy angustiada porque tras un año de cuidar a su marido enfermo (que había fallecido hacía 3 meses), a pesar de no haberse sentido bien, los trámites y el cansancio retrasaron su consulta. Cuando le realizo el electrocardiograma, me quedo sorprendida al encontrar una cicatriz nueva en su corazón (un infarto). Empiezo a preguntar por síntomas: Blanca me relata que dos días antes de fallecer su esposo, y en el contexto de una internación, sintió un dolor muy fuerte en su pecho con una gran sensación de angustia, pensando y justificando su dolencia producto de la situación de estrés”, relató Carolina Salvatori médica cardióloga y miembro de la SAC.

 “Si bien la causa más frecuente de infarto de miocardio es la enfermedad aterosclerótica, producto de factores de riesgo cardiovascular (modificables) como la hipertensión arterial, dislipemia, tabaquismo, diabetes, obesidad, factores psicosociales, entre otros, o (no modificables) como antecedentes genéticos o la edad, existe el llamado ‘Síndrome de Takotsubo’ (también conocido por síndrome del corazón roto) o miocardiopatía por estrés, que fue descrita en los años 90 en Japón”, afirmó Salvatori.

En el 85% de los casos reportados son mujeres postmenopáusicas, que, tras sufrir una situación de estrés inesperado (físico o emocional) presentan una liberación excesiva de adrenalina. Este síndrome se caracteriza por tener una presentación similar a la del infarto de miocardio, con síntomas como dolor de pecho, falta de aire, electrocardiograma anormal, enzimas cardiacas elevadas y disminución de la irrigación del corazón, que en este caso no se debe a la oclusión de una arteria por un coágulo de sangre como en la enfermedad aterosclerótica.

En el Síndrome de Takotsubo las arterias del corazón son casi siempre normales, pero la parte del corazón afectada por la disminución del flujo de sangre suele contraerse inicialmente con menos fuerza. En la mayoría de los casos esta debilidad se recupera transcurridas algunas semanas y el corazón vuelve a contraerse normalmente.

Es importante tener en cuenta que frente a una situación que nuestra mente considera amenazante, la adrenalina es liberada inmediatamente para prepararnos tanto para hacer frente a esa situación (lucha), como para evadirla o alejarnos (huida). La adrenalina tiene efectos tanto sobre el corazón (causa taquicardia, que es el aumento de las pulsaciones) y un cierre sobre los vasos sanguíneos (vasoconstricción), produciendo por ambos mecanismos una disminución muy importante o directamente el cese del flujo de sangre que alimenta al músculo cardiaco.

 “En otros casos en que la situación nos sobrepasa podemos incluso quedarnos ‘paralizados’ o perder el estado de conciencia (síncope), como parte de un mecanismo antiquísimo de afrontamiento a situaciones de estrés”, agregó por su parte Julio Giorgini médico cardiólogo, miembro del Consejo de Aspectos Psicosociales y del Área Corazón y Mujer de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA).

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología y la Fundación Cardiológica Argentina afirman que es posible cuantificar los niveles de colesterol, de presión y de glucemia, pero nos es difícil cuantificar cuán estresada, deprimida o triste está una persona. Sin ninguna duda, el corazón y las emociones están relacionados y lograr un buen manejo del estrés es tan importante como tratar aquellos factores ‘clásicos’ como la hipertensión, el consumo de tabaco, el azúcar en sangre o colesterol elevados o el sobrepeso.

Finalmente, en el marco del Día de los Enamorados, merece un párrafo aparte la relación entre el contacto físico y el corazón. “Hay estudios que han demostrado que las caricias y abrazos generan un entorno seguro, una mayor conexión neuronal entre dos personas y mayor activación de la porción ventral del nervio vago, fortaleciendo los vínculos y el apego seguro (tanto en niños como en adultos). A nivel cardiovascular, la activación del nervio vago ventral (ubicado a la altura del vientre) estimula la acción parasimpática, aumentando la variabilidad y coherencia cardíacas y disminuyendo las pulsaciones (menos arritmias y taquicardia) y la presión arterial (menos hipertensión). En conclusión, las caricias y los abrazos son buenos para el corazón”, concluyó Giorgini.

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