Cada 1° de diciembre, se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, una fecha que va más allá de la mera concientización sobre la infección por VIH. Es un día para rendir homenaje a todas las personas cuyas vidas han sido afectadas por este virus y para reflexionar sobre los avances y desafíos en la lucha contra el VIH.
Por Dr. Daniel Cassola
En los últimos años ha habido notables avances logrados en la atención a las personas infectadas. La colaboración entre trabajadores de salud pública, defensores comunitarios, investigadores y proveedores de atención médica ha transformado la infección por VIH en una condición crónica y controlada. Gracias al Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad, se han salvado 16.2 millones de vidas desde el 2001, permitiendo a quienes viven con VIH llevar una vida plena y con una expectativa de vida similar a quienes no tienen el virus.
El liderazgo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) es crucial en este camino hacia la erradicación de nuevas infecciones, discriminación y muertes relacionadas con el VIH. Los objetivos «95-95-95-95» establecidos para el 2030 son ambiciosos pero alcanzables: que el 95% de las personas infectadas conozcan su estado serológico, que el 95% reciba terapia antirretroviral continuada, que el 95% de las personas en tratamiento tengan supresión viral y que el 95% de estas personas gocen de una buena calidad de vida.
La prevención sigue siendo fundamental en la lucha contra el VIH. Programas que amplíen el acceso a la prevención y tratamiento son esenciales para detener la transmisión. En Argentina, el 38% de los jóvenes de 15 a 29 años infectados por VIH son diagnosticados tardíamente, resaltando la importancia de la detección temprana y la necesidad de programas educativos proactivos.
La Educación Sexual Integral (ESI) desempeña un papel clave en la prevención, proporcionando herramientas para que los jóvenes puedan conocer su cuerpo, adoptar actitudes responsables y respetar el derecho a la identidad. La ESI aborda la transmisión del VIH, principalmente por relaciones sexuales sin protección, y contribuye a la disminución del estigma asociado con la infección.
Es en la población joven donde persisten desafíos significativos. El estigma social, la falta de conocimiento y la discriminación pueden llevar a diagnósticos tardíos. Es esencial trabajar en la desmitificación del VIH, eliminando estigmas asociados con la orientación sexual, identidad de género, uso de drogas o comercio sexual. Transformar la percepción del VIH de un simple diagnóstico médico a una oportunidad para un acompañamiento activo es esencial para garantizar una buena calidad de vida.









