Dos estudios y una misma conclusión: la inmunidad contra el coronavirus podría durar años


Quizás no sea necesario vacunarse todos los años y un ciclo podría bastar para conseguir inmunidad durante años. Las células inmunes importantes sobreviven en la médula ósea de las personas infectadas con el virus o inoculadas contra él, según hallaron los científicos.

Por Dr. Daniel Cassola

La etapa histórica que vendrá después de todos estos aciagos meses ya tiene nombre aunque todavía no sucedió. Será la ‘post pandemia’, tiempos en los que los hombres deberán lidiar quizás ya no con el virus sino con los problemas derivados de tanto tiempo de escasa actividad social y económica. Una de las características probables que se podían imaginar era la de prácticamente toda la población mundial con la necesidad de recibir cada año la vacuna contra el coronavirus. Quizás esto ya no sea así.

Dos nuevos estudios determinaron que la inmunidad al coronavirus dura al menos un año, llegando a mejorar con el tiempo, especialmente después de la vacunación, lo que permitiría que se extienda incluso por toda la vida. Ambos estudios sugieren que la mayoría de las personas que se recuperaron del Covid-19 y que luego fueron inmunizadas no necesitarán refuerzos. Sin embargo, las personas vacunadas que nunca se infectaron probablemente necesitarán las inyecciones, al igual que una minoría que se infectó pero no produjo una respuesta inmunitaria sólida.

La clave para la inmunidad son las células que persisten en la médula ósea y conservan una memoria del virus. Esas son las que pueden producir anticuerpos cuando sea necesario, según uno de los estudios publicado en la revista Nature. El otro estudio, publicado en línea en el sitio de investigación biológica BioRxiv encontró que estas llamadas células B de memoria continúan madurando y fortaleciéndose durante al menos 12 meses después de la infección inicial.

“Las personas que se infectaron y se vacunaron realmente tienen una respuesta excelente, un conjunto excelente de anticuerpos, porque continúan desarrollando sus anticuerpos”, declaró Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller en Nueva York y director de uno de los estudios. “Espero que duren mucho tiempo”, agregó. Es probable, por otra parte, que las personas que no tuvieron Covid-19 y fueron inmunizadas eventualmente necesiten una vacuna de refuerzo, según consideró Nussenzweig, aunque aclaró que “ese es el tipo de cosas que sabremos muy pronto”.

El funcionamiento del sistema inmunológico contra el coronavirus, de forma simplificada, comienza a trabajar al encontrarse por primera vez con un virus. En ese punto las células B proliferan rápidamente y producen anticuerpos en grandes cantidades. Una vez que se resuelve la infección aguda una pequeña cantidad de células se instala en la médula ósea, bombeando de manera constante pequeños niveles de anticuerpos. En el segundo estudio investigadores de la Universidad de Washington, en St. Louis, analizaron la sangre de 77 personas en intervalos de tres meses, comenzando aproximadamente un mes después de su infección con el coronavirus. Solo seis de ellos habían sido hospitalizados por Covid-19 mientras que el resto solo había tenido síntomas leves.

Siete meses después el mismo equipo obtuvo muestras de médula ósea de diecinueve personas. Quince tenían células B de memoria detectables y cuatro no. Con posterioridad distintas personas donaron muestras de médula ósea siete u ocho meses después de haberse infectado inicialmente y nuevamente cuatro meses después. La cantidad de células B de memoria se mantuvo estable durante ese tiempo.

Los resultados del estudio, entonces, sugieren que las personas que se recuperaron de Covid-19 y que luego fueron vacunadas continuarán teniendo niveles extremadamente altos de protección contra variantes emergentes, incluso sin recibir una vacuna de refuerzo en el futuro. A su vez, todos los expertos estuvieron de acuerdo en que es probable que la inmunidad se desarrolle de manera muy diferente en personas que nunca tuvieron Covid-19. Lo que explican los científicos, si se permite otra simplificación, es que luchar contra un virus vivo no produce el mismo músculo que lidiar con el material genético muerto que contienen las vacunas. Ambos estudios ofrecen una recompensa para quienes sufrieron la enfermedad y están vacunados: es probable que sean inmunes por mucho tiempo.

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