La infancia es una etapa crítica para el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los seres humanos. Sin embargo, en Argentina, 1 de cada 2 niños presenta algún grado de malnutrición, una cifra alarmante que revela la profundidad del problema.
Por Dr. Daniel Cassola
En un contexto donde las decisiones alimentarias se ven cada vez más influenciadas por ideologías y modas, expertos en nutrición infantil hacen un llamado a tomar decisiones informadas, respaldadas por evidencia científica y con acompañamiento profesional.
Contrario a la percepción común, la malnutrición no se limita solo a la desnutrición. También abarca los déficits de micronutrientes esenciales, así como el sobrepeso asociado a dietas de baja calidad nutricional. En Argentina, el panorama es crítico: casi el 70% de los niños no alcanza la ingesta diaria recomendada de calcio y más del 95% presenta deficiencia de vitamina D. Esta carencia puede afectar severamente el desarrollo óseo y dental, y a largo plazo, derivar en retrasos de crecimiento, raquitismo, debilidad muscular, e incluso osteoporosis en la adultez.
En los últimos años, ciertas prácticas alimentarias como las dietas veganas estrictas, la exclusión de lácteos o el consumo libre de gluten sin indicación médica han ganado popularidad. Si bien algunas pueden ser viables con una planificación adecuada, implementarlas sin supervisión médica en edades tempranas puede ser riesgoso.
“El hierro, el calcio, las vitaminas D y B12, el zinc, los probióticos y la fibra son nutrientes críticos durante la infancia. Su deficiencia puede producir consecuencias irreversibles en el desarrollo neurológico y físico”, advierte Mabel Carosella, pediatra y directora médica del Grupo Pediátrico Belgrano R, miembro de PROFENI, una agrupación de profesionales dedicada a la nutrición infantil.
Un aspecto muchas veces olvidado en las decisiones alimentarias es el impacto de la dieta sobre la microbiota intestinal infantil. La diversidad de microorganismos en el intestino cumple un rol esencial en el desarrollo del sistema inmune y la prevención de enfermedades alérgicas y metabólicas. En este sentido, alimentos fermentados como el yogur son aliados valiosos: no solo aportan calcio, proteínas y vitamina D, sino que también introducen microorganismos beneficiosos y probióticos.
La ciencia ha demostrado que tanto los primeros mil días (desde la concepción hasta los dos años) como los segundos mil (hasta los cinco años aproximadamente) son momentos claves para el desarrollo del cerebro. Durante este período, se forman conexiones neuronales fundamentales para el aprendizaje, la adquisición del lenguaje y el desarrollo emocional. Una nutrición insuficiente o desequilibrada puede afectar procesos como la mielinización neuronal, impactando negativamente el desarrollo cognitivo.
El Baby-Led Weaning (BLW), o alimentación complementaria dirigida por el bebé, es otra tendencia en alza. Esta práctica fomenta la autonomía y permite que el niño elija qué y cuánto comer, evitando las papillas tradicionales. No obstante, su implementación debe ser cuidadosa.
“El BLW puede tener beneficios, como el aumento en el consumo de frutas y verduras, pero también puede conllevar riesgos si no se aplica correctamente, como atragantamientos o déficit de hierro”, explica el Dr. Lucio González, pediatra y gastroenterólogo infantil. Por eso, se recomienda siempre consultar con profesionales antes de adoptar esta metodología.
En muchos hogares se cree que todo lo casero es automáticamente mejor. Sin embargo, esta idea puede ser engañosa. La Dra. Mónica Katz, médica especialista en nutrición y miembro de PROFENI, sostiene que la seguridad alimentaria y el equilibrio nutricional deben estar en el centro de las decisiones, más allá del origen del alimento.
“El bizcochuelo casero puede contener tanto o más azúcar que una galletita industrial. Y muchas veces, los yogures artesanales, endulzados con azúcar mascabo o miel, tienen el doble de azúcar que los comerciales. No se trata de demonizar alimentos, sino de evaluar su composición nutricional”, aclara Katz.
La malnutrición infantil no es solo un problema del pasado o de sectores vulnerables: atraviesa a toda la sociedad y puede verse agravada por decisiones bien intencionadas pero mal informadas. Frente a esta realidad, los especialistas llaman a construir infancias saludables desde una alimentación completa, variada y supervisada por profesionales.









