El don del consejo

Por Dr. Daniel Cassola

En esta era en la que vivimos super conectados, con todo tipo de dispositivos de comunicación, hay algunas costumbres que se han perdido. Una de ellas es la del consejo. Frecuentemente, los jóvenes solían pedir consejos y escuchar advertencias, ya sea por temas del ámbito profesional, académico o personal. Hoy, esta práctica, parece reemplazada por la conexión permanente vía foros virtuales y redes sociales.

Justamente a ello se refirió ayer el Papa Francisco, al dedicar una audiencia a este tema y decir que hay que destacar «la importancia de poder contar con sugerencias de personas sabias y que nos quieren bien en los momentos más delicados». El pontífice también dejó una frase contundente sobre el tema narcotráfico. Dijo: “Hay que decirle no a cualquier tipo de droga y decirlo fuerte”.

Podríamos concluir que es un excelente consejo. Como aquellos que nos pueden brindar los profesionales médicos cuando necesitamos ayuda. Comenzamos la semana hablando de cómo se generan las resistencias a los antibióticos, y un factor es, precisamente, los consejos desafortunados que nos llevan a consumir medicamentos cuando no debemos hacerlo. El mal consejo es una de las causas fundamentales de la automedicación y de todos los males que esta práctica provoca.

En materia de salud, cualquier persona “sabia y que nos quiera bien”, como dijo el Papa, nos va a aconsejar que hagamos la consulta médica antes de tomar cualquier tipo de medicamento o iniciar un tratamiento.

Para otro tipo de temas, que no necesariamente se relacionen con la salud, contamos con la experiencia de los que han vivido más tiempo que nosotros. Como sucede con lamentable frecuencia por estos días, tenemos noticias sobre lo mal que tratamos a las personas sabias, o sea los ancianos, los viejos, los jubilados. Según un informe del Poder Judicial, 80 ancianos por año son asesinados solo en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Es peligroso no valorar a la tercera edad como una etapa plena de vida y conocimiento. Porque quizás llegue el día en que necesitemos un consejo y no tengamos a quien pedírselo.

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